a realidad de un sueño: Revista Colombiana de Cardiología A dream's reality: Revista Colombiana de Cardiología

Jorge León-Galindo
2006 Revista Colombiana de Cardiología  
Hace un poco más de veinte años, soñamos con tener una revista de la Sociedad Colombiana de Cardiología en la cual los médicos colombianos pudieran publicar sus trabajos en el campo de las enfermedades cardiovasculares y de esta manera mostrarle al país y al mundo nuestra cardiología. La experiencia de estos veinte años fue maravillosa y también anecdótica; experiencia leída y aprendida del libro de la vida; basada en la teoría infalible del ensayo y el error. Con muchísimas frustraciones y
more » ... ablemente fracasos, parecen pequeñas en el espejo retrovisor de lo vivido, comparadas con las infinitas satisfacciones que nos ha producido esta bella experiencia. La idea partió de un sentimiento impulsivo de algo aprendido del Dr. George E. Burch en la Facultad de Medicina de la Universidad de Tulane, New Orleans. El Dr. Burch fue para mí no solamente el jefe y profesor; fue mi maestro. El mejor maestro en el campo de la medicina interna y de la cardiología, pero tal vez el mejor en el campo de la vida. Estando todavía en el segundo año de residencia en medicina interna a mediados de 1973, me invitaba a su laboratorio de investigación en el Hutchinson Building de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tulane -lugar al que los residentes denominábamos como «el santuario del Dr. Burch»-a tomar una taza de té con dos galletas, siempre de la misma clase y marca, y siempre a las cinco de la tarde en punto, para discutir casos clínicos o planear posibles temas de investigación. Siendo el Dr. Burch el Editor del American Heart Journal, me invitaba a que le comentara y diera mi opinión sobre el artículo que había recibido para publicación y que me había entregado en días anteriores. Allí, en ese laboratorio, templo de las investigaciones de la Facultad de Medicina, me contagié del mal incurable de las publicaciones. Quiero de antemano pedir excusas a los lectores por hacer un poco extensos los comentarios subsiguientes; son historia, pero al llegar a la edad que tengo considero casi una obligación contar a las nuevas generaciones los pasos dados en el camino recorrido de la vida. Recordándolos suenan divertidos y me producen gran alegría. Doy gracias a Dios por haberme permitido vivirlos.
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