Retratos modernistas de Oscar Wilde

Noel Rivas Bravo
2002 Philología Hispalensis  
como Verlaine, fue un escritor admirado por los jóvenes modernistas de fin de siglo. José Martí, Enrique Gómez Carrillo, Rubén Darío y Manuel Machado tuvieron el privilegio, la dicha, de conocerlo personalmente. De las crónicas de esos encuentros literarios, que ellos mismos escribieron, recorto los impresionantes retratos del infortunado y exquisito dandy. Antes conviene recordar el famoso principio de Horado recogido en su Epístola a los Pisones: ut pictura poesis (la poesía es como la
more » ... a es como la pintura). Y no se trata, como bien señala Esteban Torre, de encontrar en esa frase el fundamento de un paralelismo absoluto entre ambas formas de expresión artística, porque el medio expresivo de una obra de arte constituye y define su propia naturaleza 1 • Se trata, apropiándonos de ella en un sentido amplio, de que la literatura, el lenguaje poético, tiene la virtud, la capacidad de expresar, de copiar, la realidad. Es famosa la descripción del escudo de Aquiles en el canto XVIII de la Jlíada (vv. 483-608) y Dante, dice Alfonso Reyes, pinta los círculos del "Infierno" con la precisión de un topógrafo que usase palabras en vez de líneas 2 • Y ahí está el género del retrato, tan cultivado por los parnasianos, como una forma de caracterización de las cualidades físicas, morales y sicológicas de personajes reales o imaginarios. En el caso concreto de los retratos de Wilde, que nos legaron los modernistas, prevalece en ellos la estética de lo decadente entendida como transgresión de lo normal. Por medio de la comparación, la metáfora y las enumeraciones, Martí, Gómez Carrillo, Darío y Machado, nos trazan una imagen de Wilde elegante, refinada, sugestiva, culta, irónica, encantadora, pero no por eso ajena a un fondo de tristeza, soledad, dolor, desencanto y tragedia. No olvidemos que estos retratos reflejan además las dos etapas diferentes de su vida. Martí y Gómez Carrillo conocieron al poeta inglés rodeado de fama y gloria mientras que Darío y Machado lo conocieron pobre, menospreciado, enfermo, "al otro lado del jardín", como decía él mismo.
doi:10.12795/ph.2002.v16.i01.17 fatcat:4xlztyn6fndcnayrj46ocfv4va