La entrevista del silencio

Alejandro Villares López
2018 Revista de investigación y educación en ciencias de la salud  
Aquella mañana estaba siendo realmente insoportable para Eduardo; tras haber tenido que coger dos autobuses, con sus respectivas esperas a la fría intemperie que las mañanas madrileñas de otoño dejan, él y su única hija, María, llevaban esperando durante horas a que la puerta de la consulta número seis se abriese. La sala estaba atiborrada de gente que, al igual que él, esperaba ansiosamente, dirigiendo fugaces miradas a sus relojes, móviles o pasando las hojas del periódico que le pudo dar a
more » ... que le pudo dar a aquel otro una simpática jovenzuela en el apeadero del tren... A todo este clima de estrés colectivo se le sumaba el maldito frío que se me ha metido dentro del cuerpo y será posible que no me caliento. ¿Y qué pasa aquí, que no hay calefacción? Encima estas luces blancas tan intensas me están haciendo daño en la cabeza... Y la pobre María que se ha tenido que pedir el día para acompañarme porque entre el ojo que me acaban de operar y el otro que se me ha infectado y que no me entero de nada ¡pues ya me dirás, Eduardo! Una palmada firme pero cariñosa cortó el hilo del pensamiento del anciano. A esa, le siguieron varios gestos que le indicaron "Vamos, a ver al doctor". ¡Porque ya era hora, ea! *** La verdad es que esta rotación por Oftalmología está siendo bastante interesante. Y los resis son simpáticos y me integran bien en la consulta... Eduardo Sanchís Morales, consulta número seis y la puerta se abre para dejar pasar a una mujer de mediana edad que sonríe y nos da los buenos días y a un hombre que jolín que contraste con la chica que lo acompaña... Vaya cara que trae ¡BUENOS DÍAS! ANDA QUE SE HACEN USTEDES DE ROGAR. Un intenso saludo fue lo primero que conocí de Eduardo. Tan intenso que su acompañante, que en seguida se presentó como su hija, respondió con un gesto de "Silencio, tranquilo". *** Buenos días, Eduardo, ¿cómo se encuentra? -Madre mía, otro abuelo desorientado. Si ni siquiera me está mirando. Encima ya ha entrado quejándose... -Disculpe, doctor. No oye nada. Yo soy su hija. Vengo con él para ayudarle-correspondo a su presentación tendiéndole mi mano y le digo que encantado, que yo soy el doctor Flores. Y continúo preguntando a su hija, recopilando la información necesaria. Pero de repente ella no sabe algo... Uy, ¿qué hace con las manos? Ah, no se entera porque Eduardo es sordo... Madre mía, pues ahora sí que sí me despido de intentar hablar con él. Me centraré en su hija que hace de intérprete. *** ¡Mira que no me lo creo! ¡Eduardo y su hija utilizan el lenguaje de signos! Qué bien me vino dar aquel taller en la facultad. Si puedo me gustaría saludar a Eduardo y decirle algo, que seguro que le cambia la cara... Ah mira, el resi se va a consultar algo con algún adjunto. ¡Venga a ver si sale esto bien! *** La verdad es que se está quedando una mañana muy bonita. Y menos mal que ya me se ha ido el frío este del demonio. A ver si nos vam... ¡Venga hombre, que ahora se va de la consulta! Yo no entiendo nada. HIJA QUE SE VA Y NOS DEJA AQUÍ SOLOS.
doi:10.37536/riecs.2018.3.2.106 fatcat:ioj4n2g72bchvoxydwkmlmdefe