VIGENCIA DE LA CULTURA SUAREZ HUMANISTA

Por Jose, Ignacio Gonzalez
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(Conferencia leída por su autor en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Pontificia Bolivariana). El humanismo es el náufrago de esta hora tormentosa porque atravesamos. Nada en efecto tan equívoco y vario, ni rótulo que co­ bije y ampare tan diversos contenidos. Fue quizás en la época de Ci­ cerón cuando empezó su fragorosa carrera el vocablo. Significaba en­ tonce� la aplicación al estudio d e los grandes maestros griegos, cuando ellos llegaron con Livio Andrónico y comenzaron a
more » ... nico y comenzaron a desbrozar la es­ pesa costra del rustícismo romano. Y entre protestas, como la de Ca­ tón el antiguo, no obstante, se va imponiendo y logra aquella magní­ fica floración de los Tulios, Virgilios, Horacios, Catulos y Lucanos. Y entre caídas y ascensiones llega hasta el fin del imperio. Este se des­ hace cuando sufre la tremenda acometida de los padres y apologistas cristianos que más tarde, sin embargo, logran aquella admirable sim­ biósis que simboliza San Agustín Padre y Doctor de la Iglesia y maes­ tro en letras humanas y divinas. Aquéllas las d e los paganos, pero bautizadas y atenuadas con el fulgor perenne de la doctrina de la re­ velación y el evangelio. El escolastisismo moderó el paso y levantó un rígido sistema intelectualísta que tiene su expresión en la Suma de Santo Tomás para llegar después con el grito del humanismo renacentista que cree des­ cubrir al hombre, con tal ardor y audacia que corta sus amarras an­ cladas en la divinidad que trasciende al hombre terrenal. Del teocen­ trismo se pasa al homocentrismo y empieza entonces su pasión. Aque­ llas fornidas humanidades recrean el mundo. Piensan renacerse sobre las ruinas de unos bárbaros góticos que han entristecido la vida. La savia revienta por doquier e inunda de plétorica vitalidad a pintores, poetas, estadistas y sabios que en un optimismo puramente terrestre engendran el naturalismo y el racionalismo que se dicen no necesitar inspiración ni aliento extraterreno. Empiezan a madurar y recorren to­ da la filosofía y la ciencia, hasta fines del siglo diez y ocho y primeras-189
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