Jesús Soto. Casi sin materia

María Ramos
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Desde que empecé a conocer la obra de Jesús Soto me sentí particularmente atraída por ciertas piezas en las cuales la materia artística parecía querer ser convertida en algo cada vez menos fuerte, menos pesado, menos grávido, obras en las cuales de una u otra manera la sustancia material que compone necesariamente las artes plásticas parecía ser progresivamente reducida, transgredida, minimizada. Eran obras ante las cuales el mejor calificativo que venía intuitivamente era el de "inmaterial".
more » ... de "inmaterial". Debemos aquí recordar que es característico de la concepción científico-natural de la materia en la Edad Moderna la idea de materia como lo que llena el espacio. A esta idea se sobreponen otras: la materia es una realidad impenetrable. La materia es, pues, concebida como realidad fundamentalmente compacta. La materia es, según esta concepción, constante, permanente, indestructible. Soto va a producir dos transgresiones dignas de mencionar aquí: en el terreno de la física va a intervenir, permeando y penetrando, aquella antigua materia, antes impenetrable. Pero además, en el terreno de la lógica, Soto va a venir a violar el antiguo principio de no contradicción, que dice que algo "no puede ser y no ser al mismo tiempo". En este caso: no puede ser material e inmaterial a la vez. Pero la violación será aquí sutil, matizada, con el "casi" mediador. Soto llega a producir así una obra "casi sin" materia. Pero dicho de otro modo, formula la obra "apenas con" materia. Este hábito de transgresiones va a actuar sobre todo en el terreno de la percepción visual. La mejor demostración la tenemos cuando, desde afuera de un Penetrable, observamos una persona (que es indiscutiblemente un cuerpo material, con claros volúmenes y perfiles) como si fuera un cuerpo abierto por sus bordes: vibrantes y cambiantes sus límites como si fuera un cuerpo irradiante de luz; como si fuera, en fin, (la paradoja) de un "cuerpo descorporizado". Vistas a través del Penetrable, o puestas una y otra persona en dos lados paralelos del Cubo de nylon, la visión del otro implica una pérdida de solidez y materialidad ante nuestra percepción. Sabemos que el cuerpo del otro está completo, así como el nuestro lo está. Pero lo vemos-y nos ven-como si el desvanecimiento que ya reconocemos en la obra se extendiera a la propia existencia corporal del humano: él o yo, simplemente el que está enfrente, el que es "el otro" para la visión, un "otro", ahora, de apariencia reverberante y disuelta. Aspecto común en estas obras de Soto, y clave para nuestro tema de hoy, es entonces la general puesta en cuestión de lo sólido-corpóreo, de la masa y de su estabilidad. De la materia y su antigua impenetrabilidad. Con la posibilidad de traspasar, física y perceptualmente, el objeto artístico, y con la pérdida de los perfiles precisos de los cuerpos para la visión que percibe, se va observando que, aquí, más importante que lo estable, es lo lábil, lo mudable; que más significativo que el antiguo concepto de masa, lo es aquí el concepto dinámico de energía; que más que obra cerrada y finita puede hablarse aquí precisamente de "obra abierta" y de su capacidad de estimular, en nosotros, el sentimiento de lo infinito.
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