El altar más alto (fragmento)

Patrick Tierney
2011 Anales de la Universidad de Chile  
Domingo Manquián estuvo con nosotros en el cerro de allí," dijo Senovio. "Se corrió la voz de que estaban buscando a un huérfano para sacrificar en el Cerro Mesa. La machi quería a un huérfano, dijeron". El mensaje llegó casi inmediatamente después de la primera ola del maremoto, alrededor de las tres de la tarde. Luego trataron de conseguir a una niña de unos 18 años desde Pu Budi, pero su familia la escondió. Así que se quedaron con el pequeño nieto de Vargas, porque no había nadie que lo
more » ... ía nadie que lo defendiera. "A las seis de la tarde la tercera ola del maremoto arrasó. Para ese momento la comunidad entera alrededor de Cerro Mesa estaba en la cima de la colina. Desde nuestra cima del cerro podíamos ver cientos de personas bailando allí. Pero esa tercera ola casi se los lleva a todos -vimos el agua chocar contra el cerro y reventar sobre ellos, mojando a todos los bailarines de Cerro Mesa. Debieron haber sido veinte metros de alto. Cerro Mesa estaba completamente aislado por el mar. No había nada más que agua allí, agua allá y olas por todas partes. Pensamos que el mundo llegaba a su fin. No nos importaba nuestra casa, nuestros muebles o los animales, porque pensamos que todo estaba llegando a su final. Nunca queremos volver a verlo". Pregunté cuáles eran los líderes de la comunidad, los loncos, en ese tiempo. "El jefe de esa comunidad era el viejo Trafinado", dijo Rosario, usando el sobrenombre del jefe muerto, Juan Nahuelcoy. "A medida que cortaban con un cuchillo los brazos y piernas del niño, la machi los recibía y los pasaba al viejo Trafinado. Y el viejo Trafinado bailaba con ambos brazos del niño, blandiéndolos en el aire. Arrancaron el corazón del niño también, mientras la machi tocaba su tambor. Después de muerto, tomaron al niño y lo recostaron en el piso, como ofrenda, frente al mar. "Después la machi anunció, 'Aquí están mis dos ovejas negras'. Y desde un arbusto detrás saltaron dos hombres desnudos, los cuales bailaron con lanzas, agitándolas como si se estuvieran defendiendo. Pero cuando la gente vio a los hombres desnudos 1. Traducción de Danusia Paleczek Alcayaga.
doi:10.5354/0717-8883.2011.12351 fatcat:zc5lvs5ptfb37ahbsodagzwvra