La subjetividad desconcertada: Pascal y el pensamiento trágico

Carlos Gómez Sánchez
2015 ENDOXA  
Resumen: Tras señalar algunas razones de la vigencia de Pascal y analizar las líneas fundamentales de su contexto social e ideológico (con especial hincapié en el jansenismo y la polémica de Las provinciales), se consideran los problemas de edición y de interpretación de Pensées. Con posterioridad, se analizan algunos de sus principales núcleos temáticos, antropológicos y epistemológicos. Finalmente, se plantea una interpretación de le pari desde la que abordar las relaciones entre razón y
more » ... entre razón y religión, subrayando el lazo entre Pascal y Kant, que haría del primero (de manera similar a como Kant decía que, para él, Rousseau había sido el Newton de la moral) el Newton de la filosofía kantiana de la religión. Palabras clave: Pascal, Kant, antropología, razón, religión. Abstract: After indicating some reasons why Pascal continues to be valid and analyzing the main lines of his social and ideological context (with special emphasis on Jansenism and the polemic of The Provincial Letters), the problems for publishing and interpreting Pensées are considered. After this, some of the main thematic, anthropological, and epistemological nuclei are analyzed. Finally, an interpretation of le pari is set forth as a basis for discussing the relationship between reason and religion, underlining the link between Pascal and Kant, who made Pascal the Newton of the Kantian philosophy of religion (similarly to Kant's statement that Rousseau, for him, had been the Newton of morals). Para averiguar cuál es la historia que el problema de la ciencia y la conciencia ha tenido hasta ahora en el alma de los homini religiosi, sería necesario ser uno mismo tan profundo, estar tan herido, ser tan inmenso como lo fue y estuvo la conciencia intelectual de Pascal. (F. Nietzsche, Más allá del bien y del mal). Vigencia de Pascal Al enfrentarnos con Pascal, no sabemos qué admirar más. Como estilista, no hay duda: ocupa uno de los primeros lugares de la literatura francesa y universal. Como científico, se alista en las primeras filas de un ejército de hombres que serían gigantes en cualquier otra compañía. Como filósofo, su tarea ha sido muy discutida y diversamente valorada: mientras unos encuentran en él una fecunda fuente de estímulos e inspiraciones que siempre sacudirán a los espíritus, para otros esos mismos estímulos son nocivos, aun cuando su presencia en el pensamiento y la literatura del mundo moderno hace difícil prescindir de ellos. En fin, como teólogo, su pensamiento es deudor de los límites de su tiempo, en el que no se había iniciado la crítica histórico-exegética de los textos bíblicos; pero esa crítica, por valiosa que sea, no anula los puntos de vista y posiciones del "teólogo" Pascal, que, inserto en una línea que va de Agustín a Karl Barth, a través de Lutero y Kierkegaard, aporta modulaciones propias muy a tener en cuenta en la evolución del pensamiento religioso moderno, sobre todo jansenista. Y esta última referencia nos abre a otra faceta en la que brilló con luz propia: su actividad de polemista, tal como revelan ante todo Las Provinciales. Así, estilista, científico, filósofo, teólogo, polemista, el lector difícilmente permanecerá insensible ante su obra, aun cuando a muchos sea, con todo, su propia vida, el hombre Blaise Pascal, lo que les admira más. Nacido en Clermont-Ferrand el 19 de junio de 1623, tanto una como otra, la vida y la obra, tendrán un carácter trágico, bien subrayado en su día por el estudio Le Dieu caché de La subjetividad desconcertada: pascal y el pensamiento trágico Lucien Goldmann (Goldmann, 1968) , y que ha llevado recientemente a un autor como L. Kolakowski a sentenciar: La religión de Pascal no estaba hecha a la medida de las necesidades de un cristiano decente normal; estaba hecha para la gente que podía soportar un suspense y una incertidumbre sin fin sobre la única cosa que realmente importa. Fue debidamente tratada con recelo. Independientemente de todas sus afirmaciones acerca de la felicidad de aquellos que 'han encontrado a Dios', era una religión para gente que no era feliz y estaba diseñada para hacerles aún más infelices (Kolakowski, 1996, 23) 1 . Un juicio que convendría matizar, pues, por sombrías que sean muchas de sus consideraciones, por rigurosa -si es que no rigorista-que aparezca su actitud moral, y sin necesidad de tener que defender todos los puntos de vista sostenidos en Pensées, su lectura se hace imprescindible para comprender mucho de la condición humana, constituye una reserva de energía frente a la marea de banalidad que amenaza con soterrarla e incluso puede proporcionar la serenidad que siempre acompaña al acogimiento de nuestra condición, en vez de, escamoteándola, dejarla en la cuneta. Frente al hastío del pensamiento plano y la huida constante de sí, Pascal incita, casi acorrala al lector, para que tome la vida en sus manos, la sopese en su grandeza y en su miseria, y se decida respecto a lo que más importa (la posible trascendencia, la actitud moral), aun cuando la decisión de cada cual no tenga que seguir exactamente los derroteros por él marcados. Mas, aun cuando así fuera, no importa: siempre permanecerá el estremecimiento, el sacudir las conciencias del letargo, que era, con toda probabilidad, una de las cosas que más atrajeron de él, entre nosotros, a Unamuno, también agitador de conciencias y de espíritus. Su Vida de Don Quijote y Sancho comenzaba precisamente queriendo desencadenar "un delirio, un vértigo, una locura cualquiera" que sacudiera la modorra y el aletargamiento espiritual, "pues sólo los apasionados llevan a cabo obras verdaderamente duraderas y fecundas" y, sobre todo, esa obra de esperanza,
doi:10.5944/endoxa.35.2015.13429 fatcat:72kaqv7cgneflhztczdlmgmn2m