Editorial El cine y su mirada holística y humanitaria de las enfermedades

Laura María, Moratal Ibáñez
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No hay enfermedades sino enfermos. Repetimos este latiguillo con los alumnos, como si después de enunciarlo quedara el tema totalmente comprendido y nuestra conciencia tranquila. Es una frase breve, fácil de memorizar, que nos hace aparecer como los reyes del humanitarismo. Pero después los alumnos entran a la sala y escuchan cómo esa teoría se derrumba en la práctica, donde todo el personal de salud se refiere a los pacientes nombrándolos como la pancreatitis que entró ayer o la neumonía por
more » ... o la neumonía por neumococo resistente a la penicili-na. Nombre de enfermedades..., de gérmenes..., de drogas..., tratamientos que se deciden cada vez más en forma generalizada, de acuerdo con diagramas de flujo que alguien hizo en algún país y nosotros copia-mos a rajatabla so pena de que nos consideren atrasa-dos, epíteto sumamente denigrante para el médico de hoy, más asustado de ser tildado de desactualizado que de deshumanizado. Quedarse atrás, no ajustarse a las nuevas indicaciones supranacionales, al consejo del último paper, es casi cometer el delito de ser viejo, de no estar en la última onda, de quedarse en el camino... y en la carrera sin descanso por persistir, se olvidan los grandes principios. El alumno que vislumbra la inconsistencia entre la verborrea teórica que se escri-be en los libros y se recita en las clases y luego no se vive en el quehacer diario, se confunde con justa razón y le cuesta a él mismo acordarse que detrás de esa historia clínica con abreviaturas y cifras hay una historia de vida, una existencia real con una proble-mática propia e individual. Una singularidad en el sentir y el padecer característica de su sexo, de su etnia y de su clase social como también de sus pro-pios miedos fruto de sus experiencias. Un ser único, con una patología también única desde sus aspectos psicológicos y sociales. No hay enfermedades sino enfermos... no es un cuento, no es sólo una linda frase, sino que es una gran verdad, incluso desde un punto de vista pragmático ya que el resultado de su profesión va a depender de que la recuerde y la traslade a la práctica diaria. Hasta los fríos números demuestran que a mayor satisfacción en la atención, se genera mayor cumplimiento y adhesión a las indicaciones 1 y, por lo tanto, mejores resultados de salud medidos en menor tiempo de tratamiento, de ingreso, menores recidivas, complicaciones, absentis-mo laboral, gastos en salud, etc. Por lo tanto, entender al paciente y escuchar sus problemas personales no es un lazo sobre el paquete de un buen diagnóstico y de una correcta prescripción, ya que si el profesional despierta poca confianza en el paciente, éste no cumplirá debida-mente sus indicaciones y como consecuencia... las infecciones se propagan, las drogas se vuelven inefi-caces, los casos se complican.... y todo el acto médi-co se derrumba en un fracaso que la tecnología no puede solucionar. El único camino para modificar este posible resultado es una buena escucha de los pacientes y sus circunstancias y una indicación decidi-da entre ambos dentro de las posibilidades reales del enfermo. Pero ¿cómo puede abordar esta tarea el docente universitario actual, donde cada vez es mayor el número de alumnos que están en condiciones de acceder a la facultad? Por otro lado, cada vez es menos el tiempo que se puede dedicar a la docencia en sí, debido a exigencias Laura María Moratal Ibáñez Rev Med Cine 3 (2007): 85-86
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