El monstruo esqueleto

Erika Mergruen
2016 Brumal: Revista de Investigación sobre lo Fantástico  
Resumen Hemos creado monstruos banalizados, pero también monstruos que piden nuestra veneración. La monstruosidad en el culto expresa la necesidad de nuestra especie de buscar una y otra vez la respuesta a nuestros miedos primigenios. Cuando los símbolos conocidos pierden su poder, encontramos el milagro en otros, y santificamos aquello que nos devuelve la fe. No causa sorpresa que aparezca la Santa Muerte, cuyo culto se ha extendido en los últimos años, a pesar de las amenazas no sólo
more » ... as no sólo eclesiásticas sino gubernamentales en México. Palabras clave: monstruo, muerte, esqueleto, Día de Muertos, Santa Muerte. Abstract We have created trivialized monsters, but also monsters that ask for our veneration. The monstrosity in worship expresses the need of our kind to search, again and again, for the answer to our primal fears. When known symbols lose their power, we find the miracle in others, and sanctify that which brings us faith. Not surprisingly, the Santa Muerte appears, whose cult has spread in recent years, despite threats by the Church and the government in Mexico. Palabras clave: monster, death, skeleton, Día de Muertos, Santa Muerte. R Erika Mergruen Brumal, vol. V, n.º 1 (primavera/spring 2017) A Elsa Malvido, in memoriam Introducción La Santa Muerte reposa en su nicho en el barrio de Tepito de la Ciudad de México. Unos dicen que es la original, el centro, el punto de partida del culto renovado. Pero sus nichos aparecen en otros sitios y no sólo de este país. La Santísima, la Niña, como también la llaman, ha recorrido carreteras y ha cruzado fronteras. Su culto no es reciente, sólo que hace unos años salió a la luz gracias a los medios, al escándalo y a la nota fácil; pero sobre todo porque los creyentes se han sentido libres y seguros para expresar su fe. La imagen de la Santa Muerte es un clásico: un esqueleto vestido, con su guadaña y su balanza, su mundo y su búho. Y digo una imagen clásica porque reproduce los elementos y la simbología de las parcas helénicas, preservadas y reproducidas en el Medievo; y que han llegado inmaculadas a nuevos territorios. Más allá del culto o la superstición, de las acusaciones de las iglesias establecidas y e la leyenda negra que se ha propiciado, la Santa Muerte se yergue como una entidad monstruosa del siglo xxi. Es el esqueleto renovado, que esconde una faceta que el monstruo antiguo perdió en el camino, y que posee una nueva apariencia: otro punto de vista que es viable comentar, analizar y sobre todo tomar en cuenta para reconocer lo real a partir de lo irreal. A primera vista, para algunos, toparse con un nicho de la Santísima podría tratarse de un sueño lovecraftiano, que nos hace evocar sus palabras en «El llamado de Cthulhu»: «No está muerto quien puede yacer eternamente,/y en épocas extrañas hasta la muerte puede morir» (2003: 10). De alguna forma, la Santa Muerte es la muerte que ha muerto ante tiempos enrarecidos. El esqueleto se ha transformado en el monstruo de México. No se trata de los esqueletos de azúcar ni de los grabados populares. Es otro, al que podríamos nombrar el doblemente descarnado, a modo de metáfora; es el que ha sido exhibido de nueva cuenta. Sólo la monstruosidad alberga la posibilidad de descarnar lo descarnado, de ahondar en el hueso del símbolo. Para descomponerlo, primero debe conocérselo, haberlo adoptado en lo cotidiano y en los distintos niveles de nuestra cultura. El esqueleto que se materializó en el osario mexicano tiene varios orígenes, pero en esencia es la variación del esqueleto de Occidente, aquel que surgió en Europa tras siglos de adoctrinamiento, pestes y renacimientos de la civilización.
doi:10.5565/rev/brumal.253 fatcat:u5m3euhwefgtrogiabiravphiu