Calibán quinientos años más tarde

Roberto Fernández Retamar
1993 Nuevo Texto Crítico  
DE ACUERDO con la invitación que he recibido, hablaré sobre Caliban, y con frecuencia desde él. Hace más de veinte años 1 propuse al mítico hijo de Sycorax como imagen de la cultura correspondiente a lo que José Martí llamó 117 * Invitado por la Universidad de Nueva York a desarrollar el tema que anuncia el título, en una mesa redonda llamada Encuentro con el Otro (lo que hice el primero de octubre de 1992, compartiendo dicha mesa con Kamau Brathwaite y Serge Gruzinski) ,recibí luego
more » ... bí luego invitaciones de otras universidades de los Estados Unidos. En varias de ellas (Iowa, Illinois en Champaign-Urbana, California en Berkeley y Stanford, Nueva York en Purchase) ofrecí versiones ampliadas del texto inicial. Aun así, por razones de tiempo, no pude leer todo el material que aquí se publica; ni pude, desde luego, valerme de las notas al pie. Algunos pasajes del ensayo los utilicé en otros también escritos en 1992, y dados a conocer en Buenos Aires, Jalapa, Veracruz, Madrid, Florencia y La Habana. Agradezco su generosidad a las amigas y los amigos que me invitaron, así como a las instituciones que me permitieron exponer mis preocupaciones y esperanzas. Y agradezco a Adelaida de Juan (con quien compartí el reciente periplo estadunidense, como hace cuarenta años comparto la vida) el haber puesto en un inglés tolerable, para alivio de los oyentes, estas páginas, varias de las cuales he tenido ahora que traducir al español. Pues Adelaida, que sabe tanto de inglés y español como de arte (lo que comprobaron quienes asistieron a las conferencias que dio al alimón conmigo) , no sólo tradujo casi todo, sino que hizo constantes sugerencias, aportó citas (a veces a partir de fuentes increíbles, como el menú de un hotel en Iowa) , refrenó mi enlaberintado estilo, escuchó sin cansancio y discutió sin ira. Aunque lleve sólo mi firma, este trabajo, salvo en los costados delirantes, es pues también suyo: lo que, por otra parte, debe ser dicho de cuanto he escrito a partir de mi primer libro de estudios, que en 1993 cumple cuatro décadas de haberse terminado. El texto se publicó por primera vez en Nuevo Texto Crítico, Nº 11, primer semestre de 1993. 1 Me refiero, naturalmente, al ensayo inicial de este libro. «Nuestra América» 2 , la cual tiene vastas raíces mundiales. Pero el poderoso concepto-metáfora que es Caliban (insisto: un «concepto-metáfora», en forma alguna solamente «un nombre en una pieza») 3 aludirá en estas páginas no sólo a la América Latina y el Caribe sino, como ha sido tan frecuente, a los condenados de la Tierra 4 en su conjunto, cuya existencia alcanzó dimensión única a partir de 1492. Mi tarea aquí, según anuncié, es hablar desde Caliban, no siempre sobre él. Esto es lo que el ojo de Caliban ve, lo que la voz de Caliban dice quinientos años más tarde. Después de todo, es la mirada y no el objeto mirado lo que implica genuinidad. Tal genuinidad de la mirada, para mencionar un ejemplo de otra importante zona del mundo, explica el hecho de que no haya escritor más inglés que aquel cuyas historias ocurren no sólo en su pequeño país sino también en Verona, en Venecia, en Roma, en Dinamarca, en Atenas, en Troya, en Alejandría, en las tierras azotadas por el ciclón del Mediterráneo americano, en bosques hechizados, en pesadillas inducidas por el ansia de poder, en el corazón, en la locura, en ninguna parte, en todas. Ahora, medio milenio después de 1492, los invito a hacer un alto en el ya aburrido deporte de remontarnos quinientos años atrás, y participar en el menos frecuente de remontarnos mil. Qué poquita cosa la Europa de 992, ¿verdad? Así como los egipcios, en la época en que practicaban un milenario TODO CALIBAN 118 2 J.M.: «Nuestra América», La Revista Ilustrada de Nueva York, primero de enero de 1891. Se recoge en J.M.: O.C., VI. Sobre la formación e irradiación de este concepto martiano, que se remonta a su destierro en México y Guatemala entre 1875 y 1878, cf.: R.F.R.: «La revelación de nuestra América», Introducción a José Martí, La Habana, 1978. 3 En un comentario a mi Caliban, que le agradezco por cuanto aprecio su obra, Gayatri Chakravorty Spivak, quien lo llama allí una «"conversación" entre Europa y la América Latina» (¿y los Estados Unidos?) , y cita lo que considera «un conmovedor pasaje» del ensayo, no me parece que entienda siempre su sentido. Por ejemplo, en aquél no se niega, sino todo lo contrario, «la posibilidad de una "cultura latinoamericana" identificable»; ni se olvida que Caliban haya sido «un nombre en una pieza» (G.C.S.: «Three Women's Texts and a Critique of Imperialism», Critical Inquiry, Nº 12, otoño de 1985, p. 245) . En cuanto a esto último, asumí los personajes shakespereanos (y antes y después de mí muchos otros lo han hecho también, historizándolos) como «conceptos -metáforas», para emplear un útil sintagma de que se valió ese mismo año 1985 la propia Gayatri («Subaltern Studies. Deconstructing Historiography» [1985], In Other Worlds. Essays in Cultural Politics, Nuev a York, 1987 . O como «personajes conceptuales», según el vocabulario de Gilles Deleuze y Felix Guattari en Qu'est-ce que la philosopie?, París, 1991, esp. pp. 60-81. Esos aportes terminológicos impiden que, por ejemplo, ante lo que Freud llamó, con perspectiva sicoanalítica, el complejo de Edipo, a alguien se le ocurra decir que Freud olvidó que Edipo es un nombre en una pieza. 4 Naturalmente, me valgo de la denominación acuñada por Frantz Fanon en Les damnés de la Terre, prefacio de Jean Paul Sartre, París, 1961. Ya Martí, a finales del siglo XIX, había empleado con un sentido similar la expresión «los pobres de la tierra». Cf. de R.F.R.: «Introducción a José Martí», Introducción a José Martí, cit. en nota 2; y «Fanon y la América Latina», Ensayo de otro mundo,
doi:10.1353/ntc.1993.0010 fatcat:m376q7jwvfc2jck6llejvgiugm