LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA DON MARCELINO MENENDEZ PELAVO DISCURSO DEL DOCTOR DON MARCELINO MENÉNDEZ PELAYO ADVERTENCIA '

E La, Pública Recepción, Dia El, Marzo De, De, Madrid
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Corríjanse, antes de comenzar U lectura de esle discurso, las sisuienles erratas, que en el se han deslizado, por descuido mío, al corregir las pruebas; Página 33, linea última: dice grambo, léase grembo. Página 42, linca iS: dice musa, léase maa. Página fi2, linea primera; dice fráeio, léase genio. SEÑORES: Si fué siempre favor altísimo y honra codiciada la de sentarse al lado vuestro; si todos los que aquí vinieron tras larga vida de gloria para sí propios y para las letras, encontraron
more » ... , encontraron pequeños sus méritos en parangón con el lauro que los galardonaba, y agotaron en tal ocasión las frases de obsequio y agradecimiento, ¿qué he de decir yo, que vengo á aprender donde éllos vinieron á enseñar, y que en los umbrales de la juventud, cubierto todavía con el polvo de las aulas, no traigo en mi abono, como trajeron éllos, ni ruidosos triunfos de la tribuna ó del teatro, ni largos trabajos filológicos de los que apuran y acendran el tesoro de la lengua patria? Pero no temáis, señores, que n: un momento me olvide de quién sois vosotros y quién soy yo; y si de "mis discípulos nunca me tuve por maestro, sino por compañero, ¿qué he de juzgarme en esta Academia, sino malo y desaprovechado estudiante? Y aumenta mi confusión el recuerdo del varón ilustre que la suerte, y vuestros votos, me han dado por predece-:-Ì4 DISCURSO sor. Poco le conocí y traté (y eso que era consuelo y refugio de todo principiante); pero", ¿cómo oLvidarlo cuando una vez se le veía? Enamoraba aquella mansedumbre de su ánimo, aquella ingénita modestia, y aquélla sencillez y candor como de niño, que servían de noble y discreto velo á las perfecciones de su ingenio. Nadie tan amigo de ocultar su gloria y de ocultarse. Difícil era que ojos poco atentos descubriesen en él al gran poeta. Y eso era antes que todo y sobre todo, aunque el vulgo literario dió en tenerle por erudito, bibliotecario é investigador, más bien que por vate inspirado. Otros gustos, otra manera de ver y de respetar los textos, una escuela crítica más perfecta y cuidadosa, han de mejorar (no hay duda en éllo) sus ediciones, hoy tan estimables, de Lope, Tirso, Alarcón y Calderón!: libre será cada cual de admitir ó rechazar sus ingeniosas enmiendas al Quijote; pero sobre los aciertos ó los caprichos del editor se alzará siempre, ra: diante é indiscutida, la gloria del poeta. Gloria que no está ligada á una escuela ni á un período literario, porque Hartzenbusch sólo en los accesorios es dramático de escuela, y en la esencia dramático de pasión y de sentimiento. Por eso queda en pié, entre las ruinas del Romanticismo, la enamorada pareja aragonesa, gloriosa hermana de la de Verona, y resuena en nuestros oídos, tan poderoso y vibrante como lo sintieron en su "alma los espectadores de 1836, aquel grito, entre sacrilego y sublime, del amador de Isabel de Segura: ' En presencia de Dios formado ha sido. '-Con mi presencia queda destruido. DE D. MARCELINO MENENDEZ PEI-AYO ¿3 Y al lado de Los Amantes de Teruel vivirán, aunque con menos lozana juventud y vida. Doña Mencia, Alfonso el Casio, Un úy un no, Vida por hotira y La ley de raza. Podrá negarse á sus dramas históricos, como á casi todos los que en España hemos visto, color local y penetración del espíritu de los tiempos, ni era ésta la intención del autor; pero, ¿cómo negarles lo que da fuerza y eternidad á una obra dramática, lo que enamora á los doctos y enciende el alma de las muchedumbres congregadas: la expresión verdadera y profunda de los afectos humanos? La vena dramática era en Hartzenbusch tan poderosa que llegaba á ser exclusiva. Su personalidad, tímida y modesta, se esfuma y desvanece entre las arrogantes figuras de sus personajes. Por eso no brilló en la poesía lírica sino cuando díó voz y forma castellanas al pensamiento de Schiller en el maravilloso Canto de la Campana, el más religioso, el más humano y el más lírico de todos los cantos alemanes. Reservado queda á los futuros biógrafos de D. Juan Eugenio Hartzenbusch hacer minucioso recuento de todas las joyas de su tesoro literario, sin olvidar, ni sus delicadísimas narraciones cortas, entre todas las cuales brilla el peregrino y fantástico cuento de La ìiinitosura por castigo, superior á los mejores de Andersen; ni sus apólogos^ más profundos de intención y más poéticos de estilo que los de ningún otro fabulista nuestro; ni los numerosos materiales que en prólogos y disertaciones dejó acopiados para la historia de nuestro teatro. Yo nada más diré: hay nombres que abruman al sucesor, y esto, que en boca de otros pudo parecer retórica modestia, es en mi sencilla muestra < :-Ì4 DISCURSO de admiración ante una vida tan gloriosa y tan llena, y á la vez tan mansa y apacible, verdadera vida de hombre de letras y de varón prudente, hijo de sus obras y señor de sí, exento de ambición y de torpe envidia, ni ávido ni despreciador del popular aplauso. ¿Cómo responder, señores, ni aun de lejos, á lo que exigen de mí tan gran recuerdo y ocasión tan solemne? Por eso busqué asunto que con su excelencia, y con ser simpático á toda alma cristiana y española, encubriese los bajos quilates de mi estilo y doctrina, y me ñjé en aquel género de poesía castellana por el cual nuestra lengua mereció ser llamada lengua de ángeles. Permitidme, pues, que por breve rato os hable de la poesía mística en España, de sus caracteres y vicisitudes, y de sus principales autores. Poesía mistica he dicho, para distinguirla de los varios géneros de poesia sagrada, devota, ascética y moral, con que en el uso vulgar se la confunde, pero que en este santuario del habla castellana justo es deslindar cuidadosamente. Poesía mística no es sinónimo de poesía cristiana: abarca más y abarca menos. Poeta místico es Ben-Gabirol, y con todo eso, no es poeta cristiano. Rey de los poetas cristianos es Prudencio, y no hay en él sombra de misticismo. Porque para llegar á la inspiración mística no basta ser cristiano ni devoto, ni gran teólogo ni santo, sino que se requiere un estado psicològico especial, una efervescencia de la voluntad y del pensamiento, una contemplación ahincada y honda de las cosas divinas, y una metafísica ó filosofía primera, que va por camino diverso, aunque no contrario, al de la teología dogmática. El místico, si es ortodoxo, acepta esta teología, la da como supuesto y base DE D. MARCELINO MENENDEZ PEI-AYO ¿3 de todas sus especulaciones, pero llega más adelante: aspira á la posesión de Dios por unión de amor, y procede como si Dios y el alma estuviesen solos en el mundo. Este es el misticismo como estado del alma, y su virtud es tan poderosa y fecunda, que de él nacen una teologia mística y una ontologia mística, en que el espíritu, iluminado por la llama del amor, columbra perfecciones y atributos del Sér, á que el seco razonamiento no llega; y una psicología mística, que descubre y persigue hasta las últimas raices del amor propio y de los afectos humanos, y una poesía mística, que no es más que la traducción en forma de arte de todas estas teologías y filosofías, animadas por eUsentimiento personal y vivo del poeta que canta sus espirituales amores. , Sólo en el Cristianismo vive perfecta y pura esta poesía; pero cabe, más ó menos enturbiada, en toda creencia que afirme y reconozca la personalidad humana y la personalidad divina, y aun en aquellas religiones donde lo divino ahoga y absorbe á lo humano, pero no en silenciosa uhi-. dad, sino á modo de evolución y desarrollo de la infinita esencia, en fecunda é inagotable realidad. Por eso no es fruto, ni del deismo vago, ni del fragmentario y antropomórfico politeismo. Por eso los griegos no alcanzaron ni sombra ni vislumbre de élla. Donde los hombres valen más que los dioses, ¿quién ha de aspirar á la unión extática, ni abismarse en las dulzuras de la contemplación? La excelencia del arte heleno consistió en ver donde quiera la forma, esto es, el límite; y la excelencia de la poesía mística consiste en darnos un vago sabor de lo infinito, aun cuando lo envuelve en formas y alegorías terrestres. :-Ì4 DISCURSO El panteismo idealista y dialéctico es asimismo incompatible con la poesía, por seco, árido y enojoso; pero no el panteismo naturalista y emanatista, aunque encierra un virus capaz de matar en germen toda inspiración lírica, so pena de grave inconsecuencia en ei poeta. Si la poesía lírica es, por su naturaleza, íntima, personal, subjetiva, como en la jerga de las escuelas se dice, ¿dónde queda la individualidad del que se reconoce parte de la infinita esencia; dónde ese eterno drama que en la conciencia cristiana nace de la comparación entre la propia Haqueza y miseria y los abismos de ía sabiduría y poder de Dios; dónde el triunfal desenlace traído por la afirmación categórica del libre albedrío en el hombre, y de la bondad inagotable de un Dios que se hizo carne por los pecados del mundo? Fuera del Cristo humanado, lazo entre el cielo y la tierra, ¿qué arte, qué poesía sagrada habrá que no sea monstruosa como la de la India, ó solitaria é infecunda como la de los hebreos de la Edad Media? Esta poesía, aun la imperfecta y heterodoxa, ora tenga por intérpretes j'og'wis indostánicos, gnósticos de Alejandría, rabinos judíos ó ascetas cristianos, no es ni ha podido ser en ningún siglo género universal y de moda, sino propio y exclusivo de algunas almas selectas, desasidas de las cosas terrenas, y muy adelantadas en los caminos de la espiritualidad. Se la ha falsificado, porque todo puede falsificarse; pero, ¡cuán fria y pálida cosa son las imitaciones hechas sin fé ni amor! De mí sé deciros, que cuando'leo ciertas poesías modernas, con pretensión de místicas, me indigna más la falsa devoción del autor, que la abierta incredulidad de otros, y echo de menos, no ya las DE D. MARCELINO MENENDEZ PEI-AYO ¿3 . desoladas tristezas de Leopardi, menos amargas por el purísimo cendal griego qué las cubre^ sino hasta los gritos de satánica rebelión contra el cielo que lanzaba, con rudeza sajona, el autor de La Reina Mab y del Prometeo desatado. Pero, dejando á un lado tales impotentes remedos, á cualquiera se le alcanza que tampoco bastan la mera devoción y el bien intencionado fervor cristianos para producir maravillas de poesía mística, sino que el intérprete ó creador de tal poesía ha de ser encumbrado filósofo y teólogo, 6 á lo menos teósofo, y hombre que posea y haya convertido en sustancia propia todo un sistema sobre las relaciones entre el Criador y la criatura. Por eso no dudo en afirmar que, además de ser rarísima flor la de tal poesía, no brota en ninguna literatura por su propia y espontanea virtud, sino después de larga elaboración intelectual, y de muchas teorías y sistemas, y de mucha ciencia y libros en prosa, como se verá claro por el contexto de este discurso. Y no se crea que confundo los aledaños de la ciencia y del arte, ni que soy partidario de lo que llaman hoy arte docente, sino que creo y afirmo que los conceptos que sirven de materia á la poesía mística son de tan alta naturaleza, y tan sintéticos ,y comprensivos, que, en llegando á columbrarlos, entendimiento y fantasía, y voluntad y arte y ciencia se confunden y hacen una' cosa misma, y el entendimiento da alas á la voluntad, y la voluntad enciende con su calor á la fantasía, y es llama de amor viva en el arte lo que es serena contemplación en la teología. Si separamos cosas inseparables, en vez de las odas de San Juan de la Cruz, tan gran teólogo como poeta, nos quedará el vacío y femenil sentimentalismo de los ver-:-Ì4 DISCURSO SOS religiosos que ahora se componen. No creamos que la ciencia es obstáculo para nada; no creamos, sobre todo, que la ciencia de Dios traba la mano del que ha de ensalzar con la lengua del ritmo las divinas excelencias. Y dados tales precedentes, á nadie asombrará que tarde tanto en asomar la poesía,mística en la Iglesia latina, y que, aun entre los griegos, no tenga más antigüedad que el siglo IV, ni más intérprete digno de la historia que el neo-platónico Sinesio, discípulo de Hipatia, amamantado con todas las enseñanzas paganas, gnósticas y cristianas de Alejandría; discípulo de los griegos por la forma hasta el punto de invocar con amor el coro de las vírgenes lesbianas y la voz del anciano de Teos; discípulo de Platón en la teoría de las ideas y de la preexistencia de las almas; pero tan poco discípulo de ellos en lo sustancial é íntimo, que al mismo autor del Fedro y del Simposio le hubieran sonado á música extraña y desconocida aquellos vagos anhelos de tornar á la fuente de la vida, de romper las ataduras terrenales, de saciar la sed de ciencia en las eternas fuentes de lo absoluto, y de ser Dios juntamente con Dios, no por absorción, sino por abrazo místico. ¿Cómo habían de encajar tales ¡deas en la concepción plácida y serena de la vida, ley armoniosa del arte antiguo? Por eso las efusiones de Sinesio abren un arte y un modo de sentir nuevos. La melancolía cristiana, el corazón inquieto hasta que descanse en el Señor, encontraron la primera expresión (y ciertamente una de las más bellas) eñ sus odas; y es, por ende, el Obispo de Tolemaida poeta más moderno en el sentir y en el imaginar que el mismo San Gregorio Nazianceno. Cerca del nombre de Sinesio debe-DE D. MARCELINO MENENDEZ PEI-AYO ¿3 mos poner el del sirio San Efrem, que con himnos católicos mató en las gentes de su país la semilla herética derramada en sus versos por el gnóstico Harmonio, aunque hoy el misticismo de San Efrem vive para nosotros en sus homilías y oraciones en prosa, ricas de color con riqueza y prodigalidad orientales, más bien que en sus himnos, perdidos todos á excepción de los pocos que se incorporaron en la liturgia siria, y que son, por la mayor parte, cantos fúnebres ó ascéticos. Nada semejante en la Iglesia latina. Su gran poeta es un español, un celtíbero, Aurelio Prudencio, el cantor del Cristianismo heroico y militante, de los eculeos y de los I I.-Solvere volo et soM volo. , II -Sahare volo el salvari volo. In.-Gcìierari volo IV.-Cantare volo: saliate cuiìcli. V.-Piangere volo: tundite vos omnes. VI.-Ornare volo et ontari volo. VII.-Lucerna num tibij ille qui me vides. Vni.-Janna sum libi, guicuin^ue ine pulgas. IX.-Qui videi guod ago, laca opera mea. \.-r-Verbo Ulusi cunda, et non sum illusus in totuni. X.-Con la palabra engañé á todas las cosas, y no fui engañada del todo. Aún nos queda que hacer largo camino, camino de siglos, antes de tropezar con la mística ortodoxa. La inspiración que vamos buscando se refugió en los primeros siglos de la Edad Media en el alma de los judíos, y aun entre ellos no la atesoró en el mayor grado el más ilustre de sus poetas, el que logró autoridad casi canónica en las Sinagogas, el que compuso la famosa lamentación que será cantada en todas las tiendas de Israel esparcidas por el mundo, el aniversario de la destrucción de JeritsaUn, el Abul-Hassán de los árabes, el castellano Judá-Leví, aquél de quien, entre burlas y veras, dijo Enrique Heine que «tuvo una alma más profunda que los abismos de la mar». Con ser Judá-Leví el lírico más notable de cuantos florecieron desde Prudencio hasta Dante, no es poeta místico enJodo el rigor del término, precisamente por ser poeta bíblico y sacerdotal en grado sumo. Más independiente, más personal, y hasta soñador y melancólico á la moderna, es Salomón-ben-Gabirol, el Avicebrón de los cristianos, autor de la Fuente de la Vida. Su poesía no es más que una forma de su filosofía, y su filosofía, la más audaz que ha brotado dentro "de la Sinagoga, es un emanatismo alejandrino con reminiscencias gnósticas, y toques y vislumbres de otras metafísicas por venir, expuesto todo ello con método y terminología aristotélicos, y esforzándose el autor, con más candidez que dichoso resultado, en concertar sus enseñanzas, á toda luz panteísticas, con la personalidad divina y con el dogma de la Creación, Así proclama la unidad de materia. :-Ì4 DISCURSO como si dijéramos, la unidad-de sustancia, y sólo en la forma ve el principio de distinción de los seres; pero excluye á Dios de la composición de materia y forma, afirmando en otra parte que forma y materia emanaron de la libre voluntad divina. La contradicción dialéctica es evidente, pero no amengua la gloria del poeta. Si tan pobre filosofía como el atomismo de Leucipo, hermanado con la moral de Epicuro, bastó á inspirar la nerviosa y espléndida poesía de Lucrecio, ¿cómo no había de levantarse Gabirol sobre todas las antinomias de su Makor Hayim, él, que era poeta hasta en prosa, y sabía interpretar simbólicamente la naturaleza, como buen teósofo, y recordar el verdadero sentido oculto bajo los caracteres y las formas sensibles, que son como letras que declaran el primor y sabiduría de su autor? La más extensa de sus composiciones, la Corona Real (Keter Malkuth), encierra trozos de soberana y eterna belleza, porque son de noble poesía espiritualista, independiente de las especulaciones del autor. Esta obra, que tiene más de ochocientos versos, participa de lo lírico y de lo didáctico, de himno y de poema irspi tpucrso?-^ donde la ciencia del poeta y su arranque místico se dan la mano. Permitidme, no que extracte, sino que traduzca algún breve trozo: nEres Dios (exclama el poeta), y todas las criaturas te sirven y adoran Tu gloria no se disminuye ni se acrecienta porque adoren en Tí lo que Tú no eres, porque el fin de todos es llegar á Tí. Pero van como ciegos, pierden el camino y ruedan al abismo de la destrucción, ó se fatigan en vano sin lograr el fin apetecido. Eres Dios, y sostienes y esenáas á todas las criaturas con tu divinidad, y nadie puede distinguir en DE D. MARCELINO MENENDEZ PELA.YO • 21 religiose Poesie der luden in Spanien (Berlin, 1845). £1 Keter Malkuth fué traducido al laiin por Francisco Donato/"Ponía aurea Hnguae hebraicae, Roma, 1618), y al castellano, y muy bien, aunque en prosa, por David Nieto; al francés, per Mardoqueo Ventura, etc. Las condiciones de este discurso ao me consienten detenerme en otros poetas hebreos de menos cuenta, como los dos Ben-Ezras y Moisás-bar-Nachmán, sobre los cuales puede verse á Sacbs, OxonH.exmdebalH.Halt 7671. mi biblioieca.) Hay otra edición latina de 1700 tres traducciones inglesas, dos alemanas, una holandesa y una hebrea de Moisés de Narbona, acompaiíada de íin largo comenlano, medito todavía. Vid. Munck, Mélangesdephilosophie arabe el juive. (Paris, !859,págs.+ioS4'S.) Puede notarse cierta leiana analogia entre el Autodidacto y el Criticón de Gracián. buen Pastor, ceñida la cabeza de púrpura y de nieve, apacentando sus ovejas con inmortales rosas, producidoras eternas de consuelo. Con ñor que siempre nace, Y cuanto más se goza, más renace. ¿Y será hipérbole, señores, el decir que tales cantos traen como un sabor anticipado de la gloria, y que el poeta que tales cosas pensó y acertó á describir, había-columbrado en alguna visión la morada de grandeza, el templo de claridad y de hermosura, la vena del gozo fiel, los repuestos valles y los riquísimos mineros, y las esferas angélicas De oro y luz labradas. De espíritus dichosos habitadas? ' Pero aún hay una poesía más angélica, celestial y divina, que ya no parece de este mundo, ni es posible medirla con criterios literarios, y eso que es más ardiente I Como se ve, apenas aludo más que á las odas Noche serena, A Salinas, A J-'e-Upe Ruiz, /( la vida del Cielo, que son las que tienen el carácter mistico más señalado. En otras, v. gr., la del Apartamiento, hay rasgos de misticismo, y en una de las atribuidas á Fr. Luis de León por el Padre Merino, la cual no suele imprimirse en las ediciones vulgares, se leen estas dos bellísimas estrofas, que, si no son del gran Maestro, merecen serlo: ¡Oh aires sosegados, Ya libros de las voces y rüidos, Al cielo encaminados, Del corazón salidos Llevad con vuestras ondas mis gemidos! Lleguen á la presencia Del uno entre millares escogido: Lamentando su ausencia, En tierra del olvido Queda mi corazón de amor herido. Los ríos sonorosos. El silbo de los aires amorosos. La noche sosegada En par de los levantes de la aurora. La música callada. La soledad sonora :-Ì4 DISCURSO Deténíe, Cierzo muerto, Ven, Austro que recuerdas los amores, Aspira por mi huerto, Y corran tus olores, Y pacerá mi amado entre las flores. Gocémonos, amado, Y vámonos á ver en su hermosura El monte y el collado. Do mana el agua pura: Entremos más adentro en la espesura. Y luego á las subidas Cavernas de las 'piedras nos iremos Que están bien escondidas, Y allí nos entraremos, Y el mosto de granadas gustaremos. Nuestro lecho florido De cuevas de leones enlazado. De púrpura teñido, En paz edificado. De mil escudos de oro coronado. Á zaga de tu huella, Los jóvenes discorren el camino, Al toque de centella, Al adobado vino. Emisiones del bálsamo divino. Por toda esta poesía oriental, transplantada de la cumbre del Carmelo y de los floridos valles de Siona, corre una llama de afectos y un encendimiento amoroso, capaz DE D. MARCELINO MENENDEZ PEI-AYO ¿3 de derretir el mármol. Hielo parecen las ternezas de los poetas profanos al lado de esta vehemencia de deseos y de este fervor en la posesión que siente el alma después que bebió el vino de la bodega del Esposo; Apaga mis enojos, Pues que ninguno basta á deshacellos, Y véante mis ojos. Pues eres lumtre de ellos, En Dios vuelta en otra cosa; En su eterno entendimiento vieras á todas las cosas, En cualidad mis hermosas Y en el número sin cuento. En un círculo infinito De inmensa capacidad. Cuyo centro es la deidad, Y su sér i nei re unse rito, etc.
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