Ética reflexiva y ética de responsabilidad en Max Weber

Roberto J. Vernengo
1994 Doxa  
1 Cabe considerar desde un punto de vista nihilista que el mundo se encuentra regido por un irracionalismo ético. Para el asceta que quiere independizarse de las tentaciones que el mundo ofrece, toda regla ética mundana es muestra de un orden contingente, en cuyo respecto no cabe una preferencia moral auténtica (WG 332). Este nihilismo ético extremo es raro: en Grecia era atribuido a personajes algo insólitos como Hegesias (Diógenes Laertius II, 93-94) o Enesidemo en su décimo tropo (Sexto
more » ... ico, Pyrr. Hyp. I, 145-160); místicos y ascetas orientales habrían asumido actitudes parejas, apunta Weber (WG 331). Pero, la convivencia social requiere de ciertas pautas compartidas y, por lo tanto, el nihilista ético extremo será marginado como un caso anómalo cuya rareza confirma, por decir así, la normalidad del acatamiento corriente de por lo menos ciertas normas éticas. Ello supone que el hombre normal acata y respeta ciertas reglas y, por ende, rechaza, desconoce o repudia otras. En otros términos, para el hombre social no todas las reglas éticas (usos, reglas morales, normas jurídicas) son válidas u obligatorias. Por ende, el universo normativo (ético) del hombre en sociedad presupone cierta mínima racionalidad lógica, aquélla que excluye un orden ético inconsistente donde cualquier norma sería a priori válida. El problema de los órdenes morales inconsistentes ha alarmado a los moralistas, por cierto, sin que se ocuparan demasiado, con todo y a diferencia de los juristas, de los problemas lógicos involucrados. Una sociedad política no puede constituirse a partir de un conjunto de códigos normativos inconsistentes, aunque sean sustentados por respetables moralistas nihilistas. Y ello, por definición. En el caso extremo, se constituiría un régimen enteramente anárquico, es decir, un régimen en que toda norma puede ser válida y, por ende, donde normas contradictorias rigen simultáneamente, aunque no puedan lograr eficacia conjunta, por cuanto este mundo físico que
doi:10.14198/doxa1994.15-16.26 fatcat:73etqwrhrvfmtcs4w5xdgkbfqe