Que la verdad cuesta

En El, Eduardo Nicol, Juan Manuel, Silva Camarena
1907 unpublished
Nunca estará de más hacer honor a la fidelidad. La importancia indiscutible de la presencia de Eduardo Nicol en el mundo de la filosofía hispánica radica en el hecho de que en todo momento supo ser fiel a la vocación filosófica. Independientemente del valor de sus ideas, notamos el rasgo esencial: decidió libremente ponerse al servicio de la obra de la filosofía, y se negó persistente, obstinadamente a poner la obra filosófica a su servicio. Por eso pudo contribuir decisivamente a la
more » ... nte a la inaugu-ración de un camino distinto al de la filosofía a la española, la de la supremacía del "yo", y jamás se cansó de procurar que los demás adoptaran la determina-ción de hacer filosofía sistemática-como lo que se hace en cualquier país cuya tradición filosófica sea digna de tomarse en cuenta-, en lugar de ofrecer ideas sueltas en ensayos, estimuladas casi siempre por algún hecho aislado. No creía que estuviera mal escribir ensayos, sino que estaba muy mal que algunos autores, como Unamuno y Ortega-a quienes la mayoría consideraba en el primer cuarto del siglo XX como modelos-, insistieran en que el pensamiento hispanoamericano tenía que expresarse siempre ensayísticamente, sin poder ascender al nivel de la filosofía de carácter universal. Para Nicol el ethos vocacional permite superar el problema de la filosofía de lengua española, que es el de su tipismo, pues obliga a poner mayor atención en la cosa pensada que en el autor que la piensa. Su voz fue como un grito de muerte contra el personalismo: si por fin se pudiera excluir la persona que opina-y los cultos que para satisfacción suya suelen acompañarla-, examinando en cambio, con todo rigor, la opinión misma, podríamos estar del otro lado, donde ya no cuenta el yo y sus arbitrariedades y donde la crítica castiga la improvisación y la espontaneidad, el lucimiento y las ganas de sobresalir a como dé lugar. Por supuesto que la filosofía de valor universal que promovía Nicol no era-una insustancial-globalización de las ideas ni una negación de lo propio, y menos aún una promoción de la uniformidad del pensamiento, sino una legítima defensa de la posibilidad de la verdad y la complementaria abolición de cualquier conato de particularismo de la verdad, convencido él, como cualquier filósofo auténtico, que "mi verdad"-sea de quien fuere-nunca es verdadera sino hasta que es nuestra. En 1986 la Universidad Nacional Autónoma de México otorgó a Eduardo Nicol el Premio Universidad Nacional en reconocimiento a su destacada actividad como docente e investigador y produjo un video a partir de un guión de Diana Goycolea ("Eduardo Nicol, Premio Universidad Nacional"), que se transmitió en la televisión La lámpara de Diógenes, revista de filosofía, números 14 y 15, 2007; pp. 50-58.
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