El problema del acceso a los libros de caballerías

Daniel Eisenberg
1995 unpublished
No hay, dentro de la literatura castellana, género tan popular en su día, y en la actualidad tan inaccesible, como lo son los libros de caballerías. En el siglo XVI-¿es necesario recordarlo?-los libros de caballerías eran la diversión de todas las clases sociales que podían tener contacto con ellos, desde el rey hasta los campesinos. Su popularidad e influjo no se pueden poner en tela de juicio. Para repasar brevemente: los leía Carlos V, a cuya petición se escribió uno (la continuación de
more » ... ontinuación de Belianís de Grecia), y se celebraron sonadas fiestas caballerescas; los cortesanos siguieron su modelo. Eran lecturas favoritas de Loyola, de Teresa de Cepeda y su madre, y de los aventureros que viajaban al nuevo mundo. Tan populares llegaron a ser que alcanzaron la prohibición. (Sólo se prohíbe lo atractivo.) Para no contaminar a los supuestamente puros indígenas, se vedó su exportación a América, aunque gracias a registros de navíos estudiados por Irving Leonard sabemos que este veto no se cumplía. Durante el reinado de Felipe II, de genio tan diferente de el de su padre, y cuyo rechazo de las diversiones caballerescas era total, los nuevos títulos sólo podían aparecer fuera de Castilla, desde donde se importaban. En Madrid ningún editor se atrevió a publicar ninguno, ni nuevo ni viejo; se publicaban en Alcalá de Henares. Estos popularísimos libros constituyeron el primer género literario castellano. Cervantes, otro gran entusiasta en un momento, lo reconocía plenamente. La novela "picaresca" es una respuesta. La novela nació en Castilla, con los libros de caballerías. Merecen nuestra atención, y pueden todavía proporcionar gusto. Lo que no se suele recordar es la extensión del género. Amadís de Gaula es sólo el inicio de una ola de textos, y en ciertos aspectos no es representativo. En la primera guía y
fatcat:mrywin6kwnfubosf5uvuxfhkti