Postnationalist African cinemas

2012 ChoiceReviews  
Este libro, ya ampliamente reseñado y citado, se ha convertido en obra de referencia de una nueva tendencia que venía apuntando desde hace ya algunos años. Como dice el propio Tcheuyap, «Postnationalist African Cinemas amplía la escasa literatura que se ocupa de cuestionar las ideas que han regido la mayor parte del trabajo crítico sobre cine africano» (p. 27). Esas premisas asumidas por buena parte de los estudiosos más influyentes de los cines africanos derivaban, por una parte, del
more » ... arte, del compromiso político que asumió la FEPACI (Federación Panafricana de Cineastas) con la Carta de Argel de 1975 y, por otra, de la tendencia ideológica dominante en el área de la crítica poscolonial hasta bien entrados los noventa. En la Carta de Argel se afirmaba el papel del cine como arma contra la dominación cultural imperialista y el del cineasta como «artesano crea tivo al servicio de su pueblo» (Catherine Ruelle, 2005, Afriques, 50 Singularités d'un cinema pluriel, p. 304). De esto se derivaba que «la rentabilidad comercial no debería ser una norma de referencia para el cineasta africano» (Idem). La única rentabilidad que este debería buscar es la de «saber que expresa las necesidades y las aspiraciones populares», y por eso tendría que estar atento «a todos los problemas estructurales que se le planteen a su cinematografía nacional» (Idem). La tarea del cineasta no puede, según la Carta, llevarse a cabo sin la participación del Estado, cuyo deber es el de «jugar un papel promocional en la construcción de un cine nacional libre de trabas censoras», condición esta última indispensable para la contribución del cineasta «al desarrollo del sentido crítico de las masas y la expansión de las posibilidades populares» (Idem). Como puede verse, una posición antiimperialista, nacionalista y didáctica que apunta sin embargo a una idea de comunidad panafricana a través de la expresión «el cineasta africano». El título del libro, y buena parte de su introducción se enfrenta decididamente a la herencia de la Carta de Argel y sus consecuencias, como la dependencia de los cineastas africanos del extranjero, al encontrar en sus propios países censura más que ayuda, y las consecuencias de la relación entre ayuda extranjera y fracaso de la construcción nacional, que se traduce en la dificultad de circulación de las películas africanas por África. Aparte de la desvinculación de los públicos africanos de productos que no les entretienen, como denuncia Jean-Pierre Bekolo en su película Le complot d' Aristote (1996). Como apunta Sada Niang en otro libro fundamental -Nationalist African Cinema-, vinculado al mismo proyecto de investigación que el de Tcheuyap, puede hablarse de una fase nacionalista para los cines africanos que sobrevive mientras existe una audiencia que considera a los cineastas como una especie de outsiders internos que portan un mensaje de salvación, mientras comparte con los cineastas un cierto «espíritu de utopía» cuyas condiciones de posibilidad desaparecen en la década de los ochenta, plagada de LIBROS 129
doi:10.5860/choice.49-3168 fatcat:jpgcthtchzg3nl42aqfjfqhb6y