EUTANASIA INFANTIL EN EL MUNDO RURAL DE LA ESPAÑA PREINDUSTRIAL

Juan Francisco Jordán Montes
2004 Revista Murciana de Antropología  
Dedicatoria: Con todo cariño y respeto por aquellos niños que vivieron (y viven) en épocas de miseria y de pobreza, y murieron (y mueren) amados, pero sin remedios para sus males. R ecientemente se ha publicado un libro de carácter etnográfico, de Jesús Callejo y de J. Antonio Iniesta, que recoge toda una amplia serie de oficios perseguidos, temidos o malditos a causa de la tradición, de los miedos, o de la ignorancia de las gentes, ya fuera de las autoridades o del común'. Por casualidad,
more » ... vimos hace años una conversación informal con un profesor de un Instituto de Enseñanza Secundaria de la ciudad de Murcia, cuyos padres fueron dueños de tierras en una aldea de Lorca. Dicho profesor nos descubrió que algunos salutaores (sanadores o curanderos), participaban, hace mucho tiempo, en una terrible ceremonia funeraria cuando un niño era mordido por un perro rabioso, y se sabía que iba a fallecer sin remedio tras una espantosa agonía. Por razones de seguridad, y a petición del propio informante, alteraremos los nombres reales, del informante y del salutaor de Lorca, ya fallecido éste último, a los que llamaremos respectivamente Srs. Juan W. y Juan X. Sucede en ocasiones que un comportamiento que en una sociedad y tiempo no se considera delito ni crimen, en otra, con mentalidad y ética diferentes, se estima como pecado o como asesinato, según los casos. Las siguientes descripciones indicarán las razones que nos animan a omitir datos concretos de algunas personas que nos transmitieron la información, reiterando que dicha práctica se ejecutaba hace más de tres generaciones, que ya no se realiza en la actualidad y que no queda ningún testigo directo vivo I CALLWO, J. e INIESTA VILLANUEVA, J.A.: Testigos del prodigio. Poderes ocultos y ojicios insólitos, Oberón, Anaya, Madrid, 2001. 344 pp. Sobre el asunto de los salutaores, en concreto, pp. 34 SS. 242 EUTANASIA INFANTIL EN EL MUNDO RURAL DE LA ESPAÑA PREINDUSTRIAL o que no fuera niño cuando sucedieron los hechos, por tanto exento de toda responsabilidad penal. Añadamos que tradicionalmente la infección provocada por la rabia se consideraba por las gentes sencillas y sin cultura urbana, próxima a la posesión demoníaca. De algún modo mantenían tradiciones antiquísimas, que ya encontramos en los griegos, por las cuales la salud del cuerpo reflejaba la salud del alma, y viceversa2. En consecuencia, los espasmos, la espuma bucal, los aspavientos y los gritos de los enfermos de rabia, se consideraban casi un castigo divino, vergonzante ante el resto de la comunidad. LA enfermedad como castigo de Dios ya aparece en el primer canto de la Iliada y, más tarde, en las tragedias de Sófocles (Edipo Rey). EL ALIVIO ANTE LA AGON~A DE NIÑOS ENFERMOS E INCURABLES EN LORCA, CALASPARRA Y LlBRlLLA (MURCIA) Cuando un niño de las aldeas del campo de Lorca era atacado y mordido por un perro enfermo de rabia, y quedaba infectado y afectado gravemente por la enfermedad, y se sabía por experiencia que la tragedia derivaría en una muerte inevitable, ya que se carecía de medios sanitarios y de vacunas en el medio rural, y que se añadiría una larga y dolorosa agonía, los padres llamaban a un salutaor o sanador de prestigio. LA enfermedad de la rabia se consideraba en aquellos años como vergonzante, probablemente tanto a causa de la aparatosidad de los síntomas y de las reacciones del cuerpo humano, con convulsiones, dolores y espumarajos en la boca, como por su posible vínculo con lo demoníaco, a tenor de las citas del Nuevo Testamento, cuando Cristo se encuentra con endemoniados. En consecuencia, además de evitar sufrimientos inútiles y estériles al niñito, se pensaba que era indigno ofrecer un espectáculo tan estremecedor a los vecinos y amigos. También se pensaba que la rabia se podía contagiar a las personas inmediatas y a los familiares, y sufrir entonces todos ellos idéntico calvario. Una vez que el salutaor había llegado al hogar, comprobaba primero si estaba en gracia, es decir, si ese día presentaba en el cénit todas sus energías y poderes. Para ello ordenaba a los padres que encendieran en la puerta del hogar un fuego de sarmientos. Una vez que las ramas ardían, el salutaor escupía con violencia al fuego3, y si éste se extinguía totalmente y a la primera vez era una magnífica señal: podía intervenir. En caso contrario se retiraba sin más. 2 PIGEAUD, J.: La maladie de I'hme. Étude sur la relariotl de I'átne el du corps dans la tradirion niédico-pllilosophique antique, París, 198 1. 3 Sobre el acto de escupir, muy frecuente en las prácticas chamánicas de curación, y si seguimos las orientaciones de Frazer, habría que pensar en una expulsión de demonios u otras potencias negativas que pudieran mermar las fuerzas del salutaor en tan peligroso como arriesgado trance. Del mismo modo como Jesús escupe en tierra su saliva y la mezcla con barro para sanar a un ciego, igualmente, el salutaor escupe en el fuego para comprobar su poder y verificar que el espacio en el que se va a realizar el rito está libre de presencias no deseadas que pudieran, quizás, adherirse al alma del niño, en tránsito hacia el cielo, cuando sea muerto para aliviar su agonía. Ver: J. G. FRAZER: La rama dorada, FCE, Madrid, 1981. pp. 641 SS. Sobre el asunto de la saliva es interesante ver el artículo de PINILLA DE LA PENA, A.: "Prácticas mágicas en la obra de Plinio el Viejo", El Dios que hechiza y encarita. Magia y astrología en el Mundo
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