Sobre: Roland Barthes y el Soberano Bien. Música, epifanía y muerte en La cámara lúcida, de David Fiel

Carlos Surghi
2017 El Taco en la Brea  
Sobre: Roland Barthes y el Soberano Bien. Música, epifanía y muerte en La cámara lúcida, de David Fiel. Rosario: Ediciones Nube Negra, Colección Paradoxa, 2016. Carlos surghi / Universidad Nacional de Córdoba -CONICET / carlossurghi@yahoo.com.ar Apuntes 380-382 «Yo podía vivir sin la Madre (todos lo hacemos, más o menos tarde); pero lo que me quedaba de vida sería por descontado y hasta el final incalificable (sin cualidad)». La anterior cita se lee en el último libro de Roland Barthes, La
more » ... a lúcida. En él la abundancia en ejercicios de duelo, entreactos de dolor y demás giros, lo singulariza no sólo por permitirlos, sino también por darles espacio en un texto pensado para otra cosa. ¿Qué es el último libro de Barthes? ¿Una nohistoria de la fotografía? ¿Una tumba para la madre muerta? ¿El imperio del fragmento personal a la luz de lo público? En el lugar del discernimiento Barthes escribe sobre el sentimentalismo informe; ante la razón, prefiere el pathos tan común de los últimos años. Es más, frente a la fotografía, objeto de encargo por Cahiers du cinéma, su reacción es la evasión sentimental bajo un obtuso estudio de una forma de la técnica que se niega a ser tal. Si la orientación esperable de la crítica es la enumeración, el elogio o no de la cualidad singular, ¿por qué pensar la crítica literaria como un discurso de la ausencia? Tal vez para no escribir sobre la fotografía, pues al escribir sobre ella se escribe en verdad sobre otra cosa. Éric Marty señala que desde siempre el proyecto de Barthes ha tenido, como el de Blanchot, en su centro a la figura de Orfeo. Lo que le fascina es una prohibición paradójica: un canto que es elogio y negación de volver hacia quien se ama. Desde aquí, la última escritura barthesiana, la de los objetos del duelo, la de los cursos, aquella inconclusa de los proyectos de novela, no es más que un registro de sus mismas imposibilidades: la de ser un verdadero escritor, la de pensar una ciencia del sujeto, la de escapar a la fantasmática del «esto ha sido». Y en ese no poder ser sin lugar a dudas está su virtud. Sin embargo, en cada intento hay otro tipo de fascinación. Ella consiste en hallar en cada frase una forma de indagación de la muerte; sólo así, el hijo, el novelista, y finalmente el melómano, terminan siendo quienes son, quienes entonan ese cantus nomine mortuarii. Pero, ¿qué crítica se hace eco de esta disolución de la crítica practicada por el mismo Barthes?
doi:10.14409/tb.v0i6.6992 fatcat:hjirnqzgdbbfla5clxv7ug4wr4