Revista de estudios lingüísticos y literarios

Mónica Poza
2006 unpublished
L a obra de don Juan Manuel, El conde Lucanor 1 (1335), no sólo representa un ejemplo vivo de la literatura medieval castellana surgida al calor de la escuela alfonsí. La didaxis, propia de la escolástica, propuesta a partir de exempla especulares, construye un discurso que, aunque laico, podría concordar notablemente con la retórica empleada en los sermones medievales. A partir del relato intitulado "De lo que acontesçió a un deán de Sanctiago con don Yllán, el grand maestro de Toledo" nos
more » ... traremos en esa arquitectura retórica, o estructura discursiva, que conforma la obra de don Juan Manuel para destacar su relación con el arte de la memoria, así como para sugerir su posible conexión con la orden monástica de los dominicos, en lo referente a su composición. Resulta de gran interés prestar atención a esta meticulosa articulación de los elementos en el discurso para entender aspectos que conciernen a la semántica del propio relato. Uno de esos elementos es lo mágico, cuya presencia en el texto no sólo es explícita 2 , sino que además lo articula, algo no tan frecuente en los textos medievales literarios. Partimos, entonces, de tres claves para abordar este trabajo: la primera, la retórica y, como parte de ella, las artes mnemónicas pues, "el primer hecho básico que el estudioso de la historia del arte clásica de la memoria ha de recordar es que este arte pertenecía a la retórica, como técnica por la que el orador podría perfeccionar su memoria, lo que le capacitaría para sacar de la memoria largos discursos con infalible precisión" (Yates 14). Atenderemos, en segundo lugar, a la relación de la retórica y la mnemotecnia con los discursos dominicos y, por último, al efecto que la arquitectura del relato provoca tanto en el lector, como en quien tiene la oportunidad de escucharlo. La construcción de imágenes activas y percusivas, destinadas a la memorización de un discurso, proviene de la antigüedad. A tal efecto, Simónides (556-468 a. C), Metródoro de Scepsis (c. 330-277 a. C) y el propio Cicerón (106-46 a. C) ya ahondaron en técnicas que facilitaban el arte de exhibir una elocuente oratoria, tal y como nos aclara Yates: En el mundo antiguo, carente de imprenta, sin papel en el que tomar notas o en el que mecanografiar conferencias, el adiestramiento de la memoria era de extraordinaria importancia. Y a las memorias de la antigüedad se las educaba por medio de un arte que reflejaba el arte y la arquitectura del mundo antiguo,
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