Reseña 18 IMÁGENES/18 HISTORIAS 18 pictures and 18 stories Efímera Revista

Tanja Baudoin, Frédérique Bergholtz, Miren Jaio, Juan Albarrán
2014 Efímera Revista   unpublished
18 fotografías y 18 historias es un producto editorial tan interesante como poco convencional. Dieciocho textos acompañan a otras tantas imágenes en las que Isidoro Valcárcel Medina -un auténtico clásico contemporáneopone en escena algunas de sus performances históricas, acciones que, «originalmente», tuvieron lugar entre 1965 y 1993 y de las que apenas se conserva documentación. El libro surge de la participación de Valcárcel en el programa Performance in residence de la plataforma holandesa
more » ... taforma holandesa If I Can´t Dance (http://www.ificantdance.org), y recoge aportaciones -relatos-presentadas en encuentros programados en Ámsterdam (Het Veem Theater, Dutch Art Institute), Lovaina (STUK/Museum), São Paulo (Museo de Arte Contemporáneo, Universidad de São Paulo), Bilbao (Bulegoa), Barcelona (Fundació Tàpies), Sevilla (BNV) y París (CAC Brétigny) a lo largo de 2012. El volumen ha sido ideado y coordinado por Bulegoa z/b (http:// www.bulegoa.org, Bilbao), oficina curatorial -creada en 2010 por Beatriz Cavia, Miren Jaio, Isabel de Naverán y Leire Vergara-comprometida con el desarrollo de nuevos modos de investigación artística. Valcárcel, uno de los artistas que habitualmente relacionamos con los nuevos comportamientos artísticos que eclosionaron en Madrid durante los últimos años sesenta y primeros setenta, siempre ha sido reacio a documentar sus acciones foto o videográficamente: «La fotografía me ha interesado muchísimo. Pero no la fotografía como documento. Yo nunca he sacado fotos de mis acciones. Si existen, las han hecho otros. Si quieren sacarlas, que las saquen. Pero detesto la fotografía como demostración de que algo ha ocurrido» 1 . El mismo recurso a la fotografía, su centralidad en este proyecto -que ha recibido el título de Performance in resistance-, es una muestra de las dificultades que entraña la «traducción» de sus acciones, la imposibilidad, incluso, de traerlas al presente conservando siquiera una brizna del sentido que tuvieron en el momento de su ejecución. Así, las fotografías que estructuran el volumen y a las que aluden las historias «declaran su propia impostura»(*). Todo en ellas es una autofalsificación salvo los datos -título, fecha y ciudad-, que se han inscrito con tipografía Courier -la de aquellas viejas máquinas de escribir que ya nadie usa-en el passe-partout sepia que reenmarca cada fotografía; melancólico recurso al archivo en el que las imágenes en color de ese anciano artista declaran la imposibilidad de recuperar su referente: la acción perpetrada en la fecha indicada. El archivo -este particular álbum-chirría. El Valcárcel de 76 años que pone en escena sus acciones en las calles del centro de Madrid durante una mañana de Pascua de 2011 no es, claro está, el joven pintor que repartía pasquines en esos mismos lugares a finales de los años sesenta, ni el hombre maduro que viajó a Sudamérica en 1976: «la única explicación de la falsa datación de la foto es que se trata de una reactuación» 2 . Re-enactment autoparódico, por tanto, como el gesto de quien se resiste tanto a pasar a la historia como a resucitar lo ya hecho. Pese a que el artista está convencido de que «la naturaleza de la acción es espontánea», esta imperfecta recuperación de su trabajo, a la que siempre se ha mostrado reticente, consigue abrir nuevos caminos -imperativo ético que rige el hacer de quien «tiene la obligación de no ir por el camino abierto»-con ayuda de los 18 compañeros que le siguen en este viaje. En cada una de las paradas del mismo, un teléfono conectaba la ausencia de Valcárcel con la copresencia de quienes asistían a la lectura del relato correspondiente. Las fotografías evocaban tanto la voluntad de Valcárcel de no estar presente -no participar de manera activa y consciente en la inviable recuperación de la performance-, como la imposibilidad de traer al presente el pasado de la acción. El artista nunca ha querido dejar huella. Y si nos brinda ahora estos rastros es porque, sin duda, sabe que no nos van a llevar a lo que buscamos: ningún momento original va a ser rescatado porque no es posible comprender con nuestro idioma -y en otro contexto de enunciación-las ideas articuladas en una lengua muerta. Y en esto late una invitación a hacer siempre de otra manera: «El análisis de las peculiaridades y de los condicionantes de las acciones de los años sesenta y setenta no ha sido interpretado por los que realizan acciones en la actualidad, los cuales siguen repitiendo los mismos clichés. Es decir, no se pueden traducir con el léxico actual las vivencias de entonces». Si atendemos al diálogo entre las performances de Valcárcel y las historias construidas por sus interlocuto-
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