LOS PARQUES ARQUEOLÓGICOS Y EL PAISAJE COMO PATRIMONIO

Almudena Orejas, Saco Del Valle
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Resumen Desde los primeros años de los noventa la denominación "parque arqueológico" se ha ido generalizando, pero su uso no está exento de problemas, debido, básicamente, a la ausencia de un acuerdo sobre su contenido. La intención de este texto es presentar algunas reflexiones generales sobre el empleo de esta expresión, y proponer algunas pistas de trabajo a partir de documentos emitidos por dos organismos internacionales, el Consejo de Europa y la UNESCO. La línea argumental es el campo de
more » ... osibilidades que la figura del parque arqueológico abre para la puesta en valor, protección e investigación sobre paisajes antiguos. Al final del texto se ha incluido una tabla con los datos y enlaces que permiten el acceso a algunos de estos documentos (tratados, declaraciones, recomendaciones), así como las direcciones electrónicas de algunos otros textos de carácter informativo de las dos instituciones citadas. Abstract From the beginnings of nineties there was a generalisation of use of "Archaeological Park" but its not free of controversy due, mainly, to the disagreement about its meaning and filling. The aim in this paper is to present some thoughts about the use of the terminus and porpoise some guidelines based on documents and briefs produces by two international organisations: The European Council and UNESCO. I shall try to argue about the potential use of an Archaeological Park figure to valorise, protect and research on ancient landscapes. Last, but not least, I have added some useful links to access to some basic documents and electronic addresses needed to understand the politics developed by these two institutions. INTRODUCCIÓN A lo largo de la segunda mitad del siglo XX el concepto de patrimonio arqueológico, entendido como una parcela del más amplio patrimonio histórico, ha ido evolucionando. No es necesario insistir en este tema, como tampoco en la estrecha relación que tienen estas modificaciones con las nuevas formas de entender la investigación arqueológica, de interrogar al registro material y de relacionarlo con otras fuentes. Creo que estos cambios tienen dos referencias esenciales: la relativización del valor de lo monumental y excepcional, y el interés por la dimensión espacial. La consecuencia de ambos cambios ha sido la necesidad de concebir los estudios arqueológicos en un contexto que fuese más allá de la pieza, del monumento, de la ruina o del yacimiento, y fuera de los estrechos márgenes cronológicos y espaciales impuestos por una investigación orientada al descubrimiento. Ligado a la concepción objetual del patrimonio se desarrolló el museo, prácticamente la única forma de puesta en valor del patrimonio arqueológico hasta hace unos años. Las colecciones y la visita a los yacimientos como ruinas invitaban a la contemplación, a la valoración curiosa o estética de esos restos rescatados del pasado. Esta concepción de raíces decimonónicas del museo se adaptaba mal a las nuevas metodologías arqueológicas y las nuevas formas de enunciar y definir el patrimonio arqueológico, recogidas en los textos legales más recientes a los que más adelante haré referencia. No podemos ignorar que estos cambios coincidieron con una revisión de la concepción del papel y funciones de los museos en los que ahora no entraré. En la bibliografía de la década de los ochenta se empezó a manejar un vocabulario que revelaba esa necesidad de proponer nuevos mecanismos para presentar y proteger el patrimonio arqueológico. Casi simultáneamente se comenzaron a usar en toda Europa expresiones como musealización de yacimientos, itinerarios o parques arqueológicos, términos que, sin embargo, no identificaban realidades homogéneas.
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