La Torre del Virrey Revista de Estudios Culturales

Jesús De Garay
unpublished
E n filosofía se habla comúnmente de principio, prin-cipios, o primeros principios. En general se pue-den estar expresando cosas bien distintas cuando se usa el término principio, pero hay sentidos corrientes más o menos extendidos al respecto. Por ejemplo, "prin-cipio" puede ser el comienzo de una serie, o la causa de un fenómeno, o un valor con respecto al cuál se actúa. En cualquier caso, el principio es diferente de aquello a lo que antecede. Es decir, entre el principio y lo "principiado"
more » ... y lo "principiado" (aquello que le sigue, aquello de lo que el principio es explicación, causa o criterio, etc.) hay diferencia. No son lo mismo. Si el principio fuera lo mismo que lo principiado, no podría ser principio pues no tendría nada a lo que anteceder. Por lo tanto, el principio no es primero, sino que lo primero es la diferencia. O al menos, esta es la hipótesis filosófica que Jesús de Garay nos ofrece en su libro Diferencia y libertad. Al modo heideggeriano, Garay aplica esta conjetura para ofrecer una revisión de la historia en general, y de la historia de la filosofía en particular, como el resultado del olvido de la prioridad de la diferencia con respecto a la razón, la libertad o dios, principios habituales en las diferentes tradiciones filosóficas. Es propiamente filosófico preguntarse por los primeros principios, o por la causa primera, en definitiva, preguntarse por el punto de partida de la filosofía. Sin embargo, Garay nos recuerda que cualesquiera que sean los primeros principios desde los que se filosofa, éstos "son postulados que no se sabe de dónde proceden, pero que a pesar de todo son afirmados como ciertos. Responden a una tradición, o a unas experiencias pasadas, o a unos razonamientos más o menos confusos, o a unos misteriosos afectos" (p. 25), pero en definitiva, devienen mera superficialidad. Sin embargo, no menos superficial resulta desde esta perspectiva cualquier otra actividad humana, la científica por ejemplo, que delimita objetivos asequibles y fija claramente el método y los instrumentos para alcanzarlos. ¿Por qué esos objetivos? ¿Por qué hacer cualquier cosa? El Derecho, la ciencia, la guerra, "en realidad son como un juego. Juegos de niños para mayores" (p. 27). En la superficialidad, todo resulta indiferente. Sin embargo se podría decir, como el autor, que la filosofía, aunque empiece por la superficialidad, aspira a la profundidad, incluso sin saber muy bien qué sea eso de la profundidad, y que en cualquier caso se puede diferenciar la filosofía de la propaganda o de la religión. La propaganda y la religión, en tanto que anuncian verdades ya dadas y poseídas, devienen dogmáticas. Sin embargo, la filosofía no ha visto la verdad, ni a Dios, y por lo tanto ha de seguir buscando. La propuesta hermenéutica aportada por Garay resulta ampliamente fértil a la hora de reinterpretar problemas, dinámicas y tensiones entre los diferentes períodos históricos. Por ejemplo, permite una revalorización de la filosofía medieval a través de llamar la atención sobre la novedad y revolución que supone sustituir a la razón como "razón primera" o "primer principio" por la libertad Libros 231
fatcat:y6mcry2k6rcp5jgjpzspxd5hn4