Góngora y el lamento del amante [thesis]

Lis Montoya Hernández
México, CDMX, febrero de 2018. AGRADECIMIENTOS Difícil el comienzo de estas líneas, pues es complicado encasillar en una hoja, el inmenso amor y agradecimiento que tengo hacia tanta gente que siempre ha estado conmigo. La vida siempre nos pone retos que hay que cumplir, pero también uno mismo se pone metas a las cuales llegar. Este trabajo, es una de ellas, es el inicio de un camino nuevo, de un sendero lleno de nuevas experiencias y de nuevos horizontes. Cada uno, con un reto diferente. No
more » ... o diferente. No puedo dejar fuera de esto a la persona que me inspiró al camino de las Letras y las Humanidades: mi padre. Sin su apoyo incondicional y su amor constante hacia mí, esto no tendría sentido. Gracias. A mi madre que me ha demostrado estar ahí sin juzgarme, sin pedirme nada más que el profundo amor que le tengo y le tendré siempre. Mis hermanas que me han dado tanto cariño. A alguien que, de imprevisto, llegó para seguir en mi camino: Néstor: eres un apoyo, un amigo y una gran pareja. ¡A ver a dónde nos lleva el viento! Es inevitable mencionar a los amigos. De carrera, de andanzas, de aventuras y Doctorado: Vio, Vilchis, Eduardo Santiago, Eduardo, Jorge, Saúl, Perla. Sin embargo, agradeceré particularmente a los que incondicionalmente estuvieron en este proceso de llamadas, dudas, desahogos y paciencia: Paco, Alma, Janet, Ro, Sashi, Humberto y Ximena. A los que desde la lejanía se mantuvieron al pendiente: Héctor y Eunice. A los grandes maestros que, desde mi carrera estuvieron ahí, para enseñarme con su inmensa experiencia que la Literatura se siente, se piensa y se analiza a partir del corazón y el conocimiento. Gracias infinitas Dr. Serafín, Dra. Rodilla, Dra. Lillian, Dr. Illades, Mtra. Alma Mejía. A la Dra. Martha Lilia Tenorio, que, gracias a su conocimiento he aprendido mucho más de la obra de Góngora. Pero, sobre todo, a mi ángel. A ese espíritu que nunca me abandona en los momentos difíciles y que me acompaña en la felicidad. Romana Montoya: sigues aquí, en lo más hondo de mi alma. Desde el instante en que te fuiste te convertiste en mi guía y en mi luz, esa que me orienta cuando no hallo la salida y que puedo sentir cual brisa otoñal cuando necesito cobijo. ÍNDICE INTRODUCCIÓN CAPÍTULO 1 "Suspiros tristes, lágrimas cansadas...". La incomunicación del sentimiento amoroso del amante.
doi:10.24275/uami.mc87pq352 fatcat:y5nsyyfn55drzaqib4m3ezszam