Antisépticos y desinfectantes Dermatología Peruana 2005; Vol 15: N o 2 82 ANTISÉPTICOS Y DESINFECTANTES el 18 de abril de 2005. Aceptado el 30 de junio de 2005 EDUCACI ÓN MÉDICA CONTINUA Antiseptics and Disinfectants

Leonardo Sánchez-Saldaña, Eliana Sáenz Anduaga, Sánchez-Saldaña Leonardo, Dirección, Gregorio Paredes, Lima
unpublished
INTRODUCCIÓN La piel representa una barrera notablemente eficaz contra las infecciones microbianas, es colonizada normalmente por un gran número de organismos que viven inofensivamente como comensales sobre la superficie cutánea. Cuando se produce una disrupción de la superficie de la piel, sea accidental o intencionalmente, el lecho de la herida o lesión puede verse invadida por bacterias autóctonas de la piel o no habituales en ella, comenzando así un proceso que puede derivar en una
more » ... var en una infección clínicamente establecida. (1-4) Las observaciones han demostrado que muchas heridas epidermales superficiales usualmente curan sin mayores complicaciones, lo que sugiere la existencia de un mecanismo antimicrobiano funcional durante la curación de heridas que es la presencia en la piel humana normal o lesionada de péptidos antimicrobianos que tienen actividad microbicida frente a bacterias gramnegati-vas y Cándida albicans. Estas defensinas inducen regenera-ción epidermal de la herida, sugiriendo que la actividad de los queratinocitos en respuesta a la pérdida de la función barrera epidermal involucra la inducción de un mecanismo antibiótico intrínseco (5,6) ; sin embargo, este factor por si solo no es suficiente para cumplir la función protectora antimi-crobiana, lo que conlleva al uso de agentes microbicidas de aplicación tópica para la prevención de las infecciones de las heridas (7). Desde mediados del siglo pasado, se han utilizado sustan-cias químicas aplicadas en la piel, con la finalidad de evitar las infecciones. El cloruro de mercurio fue usado por los médicos árabes, en la edad media, para prevenir la sepsis en heridas abiertas. En 1777 comenzó a utilizarse el sulfato de cobre como conservador y en 1815, el cloruro de zinc. Sin embargo, no fue hasta la centuria decimonovena, que los antisépticos empiezan a usarse en medicina. La soda calci-nada, esencialmente el hipoclorito, fue introducida en 1825 para el tratamiento de las heridas infectadas. La tintura de Iodo fue introducida en 1839. Desde 1850, el permanganato de potasio se comenzó a usar como antiséptico. A mediados del siglo XIX, la sepsis postoperatoria era res-ponsable de la muerte de la mitad de los pacientes sometidos a una cirugía menor. El reporte más común de los cirujanos era que "la operación había sido exitosa, pero que el pacien-te había muerto". En 1839, Justin von Liebig (químico) sos-tuvo que la sepsis era una especie de combustión causada por la exposición de los tejidos húmedos al oxígeno, y por esta razón se consideraba que la mejor forma de prevenirla era evitando que el aire entrara a la herida. Joseph Lister había observado esas heridas infectadas y consideraba que la sep-sis de las heridas era más bien una especie de descomposi-ción. En 1865, Louis Pasteur sugirió que la descomposición era causada por microorganismos en el aire que al ponerse en contacto con la materia la fermentaban. Lister acogió esa teoría y reconoció que sus ideas acerca de la sepsis eran to-talmente compatibles con estos microorganismos. Por esta razón los microorganismos debían ser destruidos antes de que entraran a la herida (8). Los agentes pioneros de los antisépti-cos generalmente no fueron aceptados en las publicaciones de Pasteur, sino hasta 1863, cuando se reconoció el origen microbial de la putrefacción. Sommelweis, en 1847, introdujo la práctica del lavado de las manos con compuestos clorinados. Joseph Lister (1827-1912), años después, amplió el uso a soluciones fenólicas, tanto para el lavado de las manos como para el lavado de la piel de los pacientes, de la ropa y del instrumental usado. Una solución al 2,5 % fue usada para vendaje de heridas y a doble
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