Juan Antonio Ennis y Stefan Pfänder. Lo criollo en cuestión. Filología e historia

Graciela Goldchluk
2014 Orbis Tertius  
en cuestión. Filología e historia. Buenos Aires, Katatay, 2013, 239 páginas. Primera parte: la cuestión. Empecemos por el título: la diferencia entre pensar lo que podríamos nombrar como una cierta cuestión criolla y definir la indagación de la puesta en cuestión de lo criollo marca un camino que se distancia de manera atenta de aquellos presupuestos que marcaron las discusiones dominantes sobre la lengua. Es este tono atento el que domina el libro, un libro amable que permanece alerta, que
more » ... nde a diferentes manifestaciones y voces que han hablado desde la historia, desde la literatura y desde la filología; vale decir, desde una cierta concepción de la lingüística. Es por eso que la "anomalía criolla" es la cuestión, la pregunta que hace tambalear el paradigma arbóreo del indoeuropeo y el método de fijación textual. Ur-sprache y Ur-text puestos en cuestión por una anomalía que resiste y atraviesa las preguntas por el origen. Este libro, que parece no desconocer ninguna página de las que el saber occidental ha escrito sobre el tema, elige con Mignolola noción de pachakuti para referirse al acontecimiento americano desde una perspectiva aborigen. Así y junto con Buck-Morss, Lo criollo en cuestión asume la perspectiva de Hegel y de Haití poniendo la paradoja delante. Así, la lengua es más-de-una-lengua. Resulta dificultoso referir algún concepto de los que circulan en el libro sin remitir al mismo tiempo a otros referentes; es que los autores registran unos doscientos libros en la bibliografía de este libro que, podríamos decir, e pur... si muove; vale decir que no permanece quieto como vórtice centrípeto de un cierto saber que se registra y representa sino que opera entre los textos afectando lo que lee y dejándose afectar, desconfiando siempre de toda separación que objetive cuando ésta olvida el proceso de separación. De ese modo, se postula que no hay "lingüística colonial" en América, sino que la lingüística es en sí misma colonial, dado que "asimilación religiosa, saber filológico y asimilación lingüística van de la mano junto a la expansión colonial en el trabajo de la lingüística misionera" (26). Con este marco, la diferencia criolla será capaz de atravesar sin confusión el criollo de Haití y el del Río de la Plata; el Chile de Bello y el Caribe de PéreLabat. Las relaciones que establecen "la propiedad y la lengua" y que se resuelven en "la propiedad de la lengua" (31), no aparecen en este libro como un juego de palabras que se vuelva sobre Ennis y Pfänder para conferirles un cierto poder interpretativo sino que, por el contrario, se tiende hacia los lectores para colocarnos en posición de analizar este proceso en tanto inmersos en él. La "triple alianza de ley, gramática y religión como asuntos fundamentales del Estado" (40) establece un marco coherente desde donde analizar las intervenciones de Miguel Antonio Caro, fundador de la Academia Colombiana de la Lengua, primera en América. Las posiciones conservadoras de Caro que no reconocen ruptura alguna con España abren paso, según afirman los autores, al "caribeño fundamental" Henríquez Ureña, que afirma "Tenemos derecho a todos los beneficios de la cultura occidental" (44). Quienes leemos el libro desde la orilla literaria agradecemos esta cita que vuelve al Borges de "El escritor argentino y la tradición" más americano que nunca y así seguimos el derrotero de la imaginación criolla que "no deja de contaminar" (45), resistiendo la incorporación del enigma criollo a toda ilusión de completud unificadora, tan lejos de la derivación como de la asimilación, el criollo se afirma en su diversalidad para prevenirse de los peligros empobrecedores de la universalidad imperial.
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