Creatividad icónica. Modelos, ideas y actos

Juan Martínez-Val
2012 La Revista Icono 14  
a creatividad icónica da comienzo con un acto de singular humildad: el acto de mirar, cuyo resultado es ver. Y el recuerdo nos trae referencias lejanas; aquél primer acto creador, impregnado de luz y de visión, que surge del mito: «Al principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba desierta y vacía. Había tinieblas sobre la faz del abismo y el espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas. Dijo Dios: haya luz; y hubo luz. Y vió Dios que la luz era buena. Y separó Dios
more » ... ena. Y separó Dios la luz de las tinieblas. Y a la luz la llamó Dios día, y a las tinieblas noche. Y hubo tarde y mañana: día primero». Esta extraña luz inmaterial que permitió que Dios «viera», y que paradójicamente es anterior en tres días a la luz del sol y de la luna, que Dios creó en su cuarta jornada para separar los días de las noches y para que sirvieran de señales para las años y las estaciones, marca el inicio simbólico del mundo de la imagen. A partir de aquel instante inexistente pero mítico, el acto de la visión es un acto de recreación, un acto de comprensión, de discernimiento, como debió serlo para aquel Dios que pareció sentirse solo en la inmensa vacuidad del caos, y que tuvo necesidad de luz para juzgar su obra. Porque en esto parecen concordar todas las escuelas de psicología y todos los especialistas, cualquiera que sea su tendencia: ver es un acto, no el resultado de la captación pasiva de datos ofrecidos por el mundo exterior. Todo ver es un «mirar», aunque desde el punto de vista del lenguaje podamos distinguir diversos matices semánticos que refuerzan unos u otros aspectos de la voluntad del espectador o de la consciencia del que mira. Ver es un proceso mental del que depende y ha dependido durante millones de años buena parte de la vida de un número inmenso de seres, que han debido interpretar, discernir, conocer qué otras cosas, qué otros entes, había a su alrededor, y en ello se jugaban la existencia. Por ello es un acto elemental que no cabe confundir con un hecho estético, con un recreo o un pasatiempo. Existen otras funciones, otros órganos, para cubrir tales necesidades. Pero ver, para todos aquellos seres dotados de ojos o de zonas especializadas que se les parezcan, es un hecho tan esencial, una actividad tan primaria y a la vez tan compleja, que refleja en sí misma la composición y la forma del universo en el que vivimos. Establecer la visión como una acción es una condición sine qua non para toda comprensión de la creatividad icónica, de la más rudimentaria a la más elaborada. Recibir luz, reac-45 ICONO14/1
doi:10.7195/ri14.v1i1.463 fatcat:wwgdmqdjqfczjhg47ps5w2cc5i