Creciente interés geográfico por la toponimia

Fernando Arroyo Ilera
2010 Estudios Geográficos  
La toponimia, ciencia de los nombres de lugar, debiera ser una disciplina de preferente atención geográfica, al menos si seguimos considerando a la Geografía como la ciencia de los lugares más que de los hombres, en conocida máxima de Vidal de la Blache. Sin embargo, resultan francamente escasas las aportaciones que, desde el ámbito académico de la Geografía, se vienen realizando al estudio y conocimientos de esos nombres de lugar que, nadie duda por otra parte, contienen una rica información
more » ... rica información geográfica. Escasa son, sobre todo, en comparación con otras temáticas a las que los geógrafos, atraídos muchas veces por el espejismo de la novedad o de la moda, vienen dedicando preferentemente su atención. Raras son las publicaciones geográficas sobre el tema, reducidas en el mejor de los casos al ámbito de lo local, y poca es la atención académica al respecto pues, cuando la toponimia figura en nuestros planes de estudio lo es, en el mejor de los casos, con carácter optativo y marginal. Varias pueden ser las razones de esta paradoja, pues no siempre ello ha sido así, razones que convendría precisar porque, en aparente contradicción con lo dicho, asistimos hoy día a un creciente interés social y político por el tema. No vaya a ser, como ya ha ocurrido en otras ocasiones, que una cuestión de indudable implicación geográfica en sus orígenes, como es ahora la de los topónimos o lo fue en su momento la de la región o el paisaje, vaya a terminar siendo recuperada por las aportaciones realizadas en los más distantes y distintos ámbitos científicos, después de haber sido ignorada por la Geografía. Máxime cuando, como es el caso, son frecuentes y excelentes los Noticias y comentarios trabajos sobre los nombres de lugar realizados, desde hace mucho tiempo, por filólogos, historiadores y otros diversos científicos, sin los cuales careceríamos de este tipo de conocimiento y de todo lo que hemos llegado a saber a través del mismo. En efecto, desde antiguo la Toponimia, o mejor la Toponomástica, ha sido una disciplina preferentemente filológica, en cuanto en el estudio de todo topónimo ha prevalecido los problemas del nombre respecto a los del lugar, sobre todo en los topónimos oscuros, es decir, aquellos cuyo significado no puede ser entendido en la actualidad, por tener sus raíces en otra lengua y circunstancias desaparecidas hace ya tiempo 1 . Sólo el filólogo entonces es el profesional capacitado para, mediante el procedimiento etimológico, recuperar el sentido inicial del topónimo, tarea a la que dedicaron su atención, como es sabido, los más prestigiosos lingüistas y filólogos de nuestro país, desde Menéndez Pidal a Corominas. Pero hay otros muchos casos en los que el sentido del topónimo es transparente, fácilmente entendible por el hablante y el habitante contemporáneo. No tiene sentido entonces su estudio etimológico sino que debe prevalecer el etiológico, como dijera Moreau-Rey 2 , es decir el de las causas que explican ese nombre y que están, por lo general, en relación con las características geográficas del lugar que dicho nombre designa. Por ello, para Henri Dorion, la toponimia se inscribe en una doble dimensión: la del tiempo, denominada memoria toponímica y la del espacio o función toponímica. Para la primera, el espacio, como categoría geográfica, no es más que un lugar situado en un momento del tiempo más o menos lejano que le permite descubrir la razón de ser originaria de la palabra, su génesis. Por el contrario, para la función toponímica, el espacio es una realidad actual, perceptible y evidente, de inmediato impacto geográfico y el tiempo es visto como una sucesión de espacios pasados 3 . A lo largo de los casi setenta años de vida de nuestra revista, los estudios toponímicos han estado presentes en sus páginas en numerosas ocasiones, pero con mayor frecuencia en el pasado que en los últimos tiempos y siempre FERNANDO ARROYO 300
doi:10.3989/estgeogr.0600 fatcat:3esmasjwfnf4zkukx37qudc7se