Fire in the capital

Montague Kobbé
2015 Mitologías Hoy  
They had slipped past the southern point of Grenada in the night, and were at last within the fairy ring of islands, on which nature had concentrated all her beauty, and man all his sin. Charles Kingsley, Westward Ho! ¡Don Alonso! ¡Don Alonso! El chillido de la voz del niño revoloteaba por las calles desiertas de la ciudad, rebotando de muro en muro, llenando el vacío con su aguda urgencia. ¡Traición, Don Alonso! ¡Traición! Alonso Andrea de Ledesma se encontraba cabizbajo, taciturno, perdido en
more » ... citurno, perdido en sus pensamientos, sentado en el recibo de su hato, junto a la única ventana que le permitía espiar el Camino de la Marina. Los gritos desaforados del infante apenas lograban penetrar su recinto como un pálido eco, despojados por la distancia de su desespero original. Los cortos pasos de las piernas de cobre de aquel niño atormentaban con su estampida las esquinas de la Plaza Mayor. La carrera cuesta arriba lleva al mestizo, hijo de aquella guarena liberta, a las puertas de la Hacienda de Baruta. La vuelta de la esquina dota de intensidad a las ondas que perturban la solemnidad de la sala de Don Alonso, convirtiendo lo que había sido un rumor en un verdadero barullo. Alarmado y de pie, escucha la noticia: Amyas Preston no ha vuelto a Guaicamacuto a la salida de La Guaira, sino que ha conseguido comprar, con dos rollos de seda y un barril de azúcar, la lealtad de un contrabandista arruinado, que lo viene guiando hacia la ciudad por el antiguo camino de Caraballeda. Don Alonso queda atónito. Garci-González de Silva ha reunido a todos los hombres útiles de la zona y ha acampado un poco más allá de la cima de la Silla, desde donde puede a la vez intimidar con su presencia las huestes del inglés y distinguir cada uno de los movimientos de los seis barcos que forman su flotilla. De ser cierto el informe del pequeño mantuano, Garci-González estará esperando la retirada de las galeras inglesas, mientras Preston -desapercibido-invade el valle de la indefensa ciudad de Santiago. Mandar noticia de la situación no sería más que una inútil formalidad: sólo quedan mujeres y niños en la ciudad; a él le tomaría la mayor parte de las próximas dos horas llegar al campamento. Para entonces el cosaco ya se habría adentrado en los confines de la capital. Inclusive si Garci-González emprendiese su retorno de inmediato, sería difícil interceptar a los invasores antes de que iniciasen su descenso por la meseta de Los Caracas. La sorpresa en la expresión de Don Alonso es reemplazada progresivamente por pesadumbre, primero; después desamparo; hasta cristalizarse finalmente en la mirada
doi:10.5565/rev/mitologias.298 fatcat:x6k7votm6jdgjc2sovsd4y2lfe