Hospital Pediátrico José Martí

Yanisvel Imara Rolo Naranjo
2009 Medwave  
Fecha de publicación: 1/8/2009 Origen: no solicitado Tipo de revisión: sin revisión por pares Introducción La convulsión febril es un evento que se presenta entre los 3 meses y los 5 años de edad, asociada a fiebre de al menos 39º C de temperatura rectal, en ausencia de infección intracraneal u otra causa neurológica definida (1, 2). Aspectos históricos: Desde la antigüedad el hombre se vio afectado por movimientos corporales no habituales que fueron interpretados como influencias divinas y
more » ... ncias divinas y herejías. El conocimiento médico logró explicar las convulsiones desde el punto de vista científico, así como determinar sus causas y su tratamiento. La visión acerca de la enfermedad cambió durante el siglo XX. A principios de siglo esta condición no era reconocida como una entidad clínica independiente . En el período comprendido entre 1930 y 1950 se consideraba una condición benigna, por lo que no requería tratamiento profiláctico. Entre 1960 y 1980 los neurocirujanos encontraron una aparente asociación entre las crisis febriles duraderas y la epilepsia del lóbulo temporal, aun en ausencia de estudios epidemiológicos bien diseñados que confirmaran la hipótesis. Esto llevó a una explosión, a nivel mundial, del uso del fenobarbital como tratamiento profiláctico mantenido por años, incluso luego de una crisis febril simple, para evitar esta supuesta epilepsia del lóbulo temporal. Esto constituyó un triste pero inolvidable capítulo en la terapéutica de las crisis febriles (8). Los estudios recientes (1, 2, 9) han documentado con claridad que estas crisis son benignas en la mayoría de los casos, tanto en pacientes tratados profilácticamente como en aquéllos que sólo han recibido tratamiento en el momento de la crisis. Epidemiología Las crisis febriles tienen una incidencia que oscila entre 2 y 5 % de los niños en edad de riesgo (1, 9, 10). La mayoría de los autores (2, 10, 11) consideran que el período de mayor riesgo o susceptibilidad para estos eventos está entre los tres meses y los cinco años de edad, siendo excepcional que ocurra antes o después de este tiempo; sin embargo Moya (12) y Olivares(13) han reportado casos en niños con edades de hasta nueve años. La edad pico según varios autores (1, 2, 8, 14) se encuentra entre los 18 y 20 meses, el sexo masculino parece tener mayor predisposición para dicho padecimiento (15, 16) . Las causas más frecuentes encontradas en estos niños han sido enfermedades virales, éstas son a menudo de las vías respiratorias altas (ERA) o gastrointestinales, también se señalan las enfermedades exantemáticas y otras de etiología bacteriana como la otitis media, la neuropatía inflamatoria y la sepsis urinaria (17, 18, 19) . Otros autores han encontrado asociación entre algunas inmunizaciones (DPT y antisarampionosa) con las crisis febriles (20, 21). Se ha reportado asociación directa entre el hábito de fumar materno en el periodo prenatal y la aparición posterior de crisis febril en el niño (21). Recientemente se ha reportado la asociación entre anemias por déficit de hierro y déficit de zinc con crisis febriles (22, 23). Fisiopatología La fisiopatología de las crisis febriles no se conoce con exactitud, pero parece depender de uno o más cambios estructurales y bioquímicos en el tejido cerebral de los pacientes de esta edad. Se han encontrado algunas diferencias estructurales entre el cerebro del niño y el adulto, las que han sido señaladas como factores que influyen en la relación edad -dependencia de las convulsiones febriles (1), que son:  Pobre mielización de la sustancia blanca cerebral.  La migración neuronal no se ha completado.  Menor número de conexiones dendríticas.  Un consumo mayor de oxígeno.
doi:10.5867/medwave.2009.08.4079 fatcat:kqyi77gjbndaxnzntsalauofse