Artistas de la corte de los Reyes Católicos en Zaragoza

Carmen Morte García
1997 Archivo Español de Arte  
se con ello la hipótesis de Salva, de que este libelo ilustrado es un producto salido de las prensas de J. Cromberger. Si abundando en lo mismo, colocamos a mediados de siglo el momento de la edición del opúsculo, podemos confirmar que el Alboraique aparece cuando el odio hacia los conversos ha triunfado en toda toda la línea en España, alcanzando su éxito más sonado el 23 de julio de 1547, cuando el Arzobispo Juan Martínez Silíceo impone, con apoyo de buena parte del Cabildo, los Estatutos de
more » ... , los Estatutos de limpieza de sangre en la mismísima Catedral de Toledo. La terrible amenaza expresada en el librito, «et seguir sea la muerte de espada cruel en ellos», iba poniéndose en práctica, fundiendo religión y racismo en esas peculiares figuras, tan españolas como el mismo alboraique, cuales fueron los cristianos viejos y los nuevos, último eslabón de una cadena de odios antiguos y encallecidos, que no tenía más horizonte que la división de los españoles y el exterminio del contrario en el nombre de Dios. Las visitas de los Reyes Católicos -y de sus descendientes los Austrias del siglo xvi-a las diversas ciudades de los antiguos reinos peninsulares, suponían un encuentro de diferentes artífices pertenecientes a campos artísticos distintos. Unos, al estar al servicio de los monarcas eran «andantes en corte» y, por tanto, solían acompañarlos en sus desplazamientos, otros, se trasladaban a esas ciudades para coincidir con los monarcas y buscar obra o reclamar pagos atrasados, aprovechando que los comitentes más poderosos se daban cita en esos lugares concretos. Los artistas de fuera se relacionaban con los locales y fruto de estos encuentros era un fluido intercambio de ideas y modelos artísticos, sin olvidar, en esta difusión de novedades, el papel de las obras que traían los potentes magnates. Estos desplazamientos reales fueron, con frecuencia, una oportunidad para la innovación del arte de los lugares visitados, un aspecto que solemos olvidar, justificando los cambios formales, casi exclusivamente, por los viajes de nuestros artistas a Flandes en el siglo xv y a Italia en el siguiente. Centrándonos en el antiguo reino de Aragón, conocemos la repercusión en la vida artística de Zaragoza de la visita del joven Carlos I (1518-1519), al darse cita en la capital del Ebro \ entre otros artífices, el escultor italiano Domenico Fancelli, el nórdico Felipe Bigamy, escultor afincado en Burgos y el castellano, pintor de su Alteza, Alonso Berruguete, recién llegado de Italia, que coinciden en la ciudad con el escultor valenciano Damián Forment, residente en la misma desde 1509, al hacerse cargo del monumental retablo del Pilar.
doi:10.3989/aearte.1997.v70.i280.666 fatcat:wz7wtxidijh5jlqa4szqztxh7y