Discurso del profesor Pedro Martínez Montávez

Meah, Sección Árabe-Islam
2006 unpublished
Pedro MARTÍNEZ MONTÁVEZ BIBLID [0544-408X]. (2006) 55; 385-400 Excmo. y Magfco. Sr. Rector Queridas y queridos colegas, amigas y amigos Un periodo de un mes deja poco margen para cambiar de opiniones y de comportamientos. No hace todavía un mes que, en un acto similar a éste, yo era investido doctor honoris causa por la Universidad de Alicante. Por ello voy a permitirme empezar mi discurso de hoy, en esta queridísima y muy admirada por mí Universidad de Granada, en esta ciudad bellísima,
more » ... d bellísima, entrañable y única, con las mismas frases con que empecé aquél. Decía yo entonces: Soy una persona a la que siempre ha interesado especialmente conocer el sentido y el significado de las cosas, de los hechos, de los acontecimientos, de los nombres, de los quehaceres. Seguramente por eso la lengua árabe ha constituido siempre para mí, y sigue constituyendo, un objeto de estudio, de aprendizaje, de encanto y de reflexión, inagotable. Porque es una lengua en la que las potencialidades semánticas y metafóricas adquieren dimensiones muy extensas y sorprendentes. Y a partir de la lengua, indudablemente, todo lo que está relacionado con la realidad humana que ha tenido y sigue teniéndola todavía como expresión identitaria primera y principal. Quiero decir que a mí me ha preocupado mucho siempre saber en qué consistía mi quehacer, mi profesión; saber qué podía ser eso del arabismo, saber qué significa ser arabista y qué sentido, sentidos, tiene. De todo esto voy a volver a hablar ahora aquí, en Granada, lugar perfecto para hacerlo. Conviene estar enterado de lo que piensan de nosotros los demás, de las ideas que tienen acerca de nuestros quehaceres, dedicaciones y especializaciones quienes no las comparten profesionalmente con nosotros. Suele ser sumamente ilustrativo y alec-VARIOS MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM 55 (2006), 385-400 cionador, hasta preferible en bastantes ocasiones, a conocer las ideas y las opiniones de quienes las comparten. A mí me lo ha enseñado así mi propia experiencia personal en la universidad, marco ideal para la práctica de la interdisciplinaridad, de la interacción, del diálogo, del enriquecimiento intelectual recíproco y trasversal, al margen de normas, planes y programas de estudio, métodos y modas. Si la universidad no es eso por naturaleza, convicción y ejercicio, es muy poco, y corre el riesgo de llegar a quedarse en nada. Quiero decir que no es entonces universidad. Por eso, voy a partir para mis reflexiones de la afirmación de un filósofo español contemporáneo, maestro en estos riesgos del pensar y de la conducta. Escribió en su día José Luis López Aranguren: "Un problema clave en el diálogo cultural mediterráneo es la relación con la cultura árabe", recomendando de inmediato, al par que ampliaba los horizontes, las dimensiones y los objetivos de la cuestión suscitada: "reconocer que los árabes contribuyeron también, de manera relevante, al desarrollo de eso que llamamos la cultura occidental y, en especial, de la hispánica". Una muestra perfecta de que, para decir las cosas con claridad, con sensatez y con precisión, no hace falta extenderse en el uso de la palabra. Así pues -y no lo afirma un arabista, como acabamos de comprobar-el conocimiento, el estudio y la valoración de la cultura árabe son muy importantes. Dicho sin alharacas ni arrebatos, sin especie alguna de elogio ni de censura hacia ese objeto. El arabista ha de ser consciente de ello, y consciente también de qué significa su profesión y en qué consiste, ¿qué es eso del arabismo, cómo debe entenderse, qué puede significar para la existencia humana y qué papel cumplir en ella? Traigo ahora una segunda afirmación, de mi propia cosecha. Lo escribí en julio de 1977, y en un lugar entonces tan nuevo y desconocido además para mí como el emirato de Abu-Dabi, al prologar mi libro Ensayos marginales de arabismo. El Golfo no era entonces, de manera visible, el lugar sumamente agitado que, en todos los aspectos, es hoy, quizá reflejando así lo que significa la raíz de la que su nombre: Jalich, deriva en lengua árabe. Escribía: "Desde hace bastante tiempo estoy convencido de que el arabismo resulta una profesión -y una dedicación-sugerente, variada y espiritualmente enriquecedora como pocas. Basta sólo con que uno acierte a contemplarlo en todas, o la mayor parte, de sus auténticas posibilidades inherentes de acción y desarrollo: el panorama, entonces, se vuelve sorprendentemente profundo y variado, puede responder a una extraordinaria gama de estímulos, perspectivas y actuaciones. Caben en él, aún, residuos de ese exotismo ambiguo que le caracterizó en parte durante épocas precedentes. Para entenderlo y admitirlo así sólo hace falta, precisamente, que el arabista se instale en el arabismo sin alifafes ni prejuicios, lo aborde con la misma profesionalidad y naturalidad que son habituales en otros campos de actividad pareja, que lo realice desde similar postura humanista". VARIOS MEAH, SECCIÓN ÁRABE-ISLAM 55 (2006), 385-400
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