El juramento socrático de la profesión docente

Jorge Úbeda
2020 Padres y Maestros / Journal of Parents and Teachers  
Si los médicos hacen un juramento, solemne y público, por el cual se comprometen a respetar una serie de valores científicos y morales en el ejercicio de su profesión, y se acogen al patrocinio del gran médico que fue Hipócrates, los profesores también podríamos culminar nuestra formación con algún juramento similar en el que quizá la figura que nos inspirara fuera la de Sócrates. Aquel famoso ateniense, perseguido, juzgado y condenado a muerte por querer que sus ciudadanos se ocuparan de
more » ... e ocuparan de aprender lo que de verdad importa, iniciaba cada día de su vida buscando alguien a quien enseñar cómo seguir aprendiendo, cómo hacer cada día las preguntas que merecen la pena ser respondidas y cómo someter a juicio las propias ideas y creencias. En definitiva, el juramento socrático, como el hipocrático, habla de que el factor más importante en nuestra profesión es el factor humano y que si este falla, se produce un daño mayor que aquel que la educación, o la salud, pretendía prevenir o curar. Corren tiempos de incertidumbre para la educación escolar y para los profesores, fruto de la pandemia provocada por la COVID-19 que ha confinado países enteros y ha forzado a cerrar la asistencia a las escuelas, institutos y universidades. Todo ello ha obligado a que los docentes trasladen, de la noche a la mañana, las aulas de sus centros y las programaciones al entorno digital. No tenemos todavía datos sobre lo que está pasando en nuestro sistema educativo durante este proceso, pero hay algo que resulta fácil adivinar: el compromiso profesional de la mayoría de las maestras y profesores está fuera de toda duda. Un compromiso que no ha esperado a tener las mejores condiciones para continuar ofreciendo oportunidades de aprendizaje a sus alumnos y que está buscando, en todo momento, que todos puedan seguir aprendiendo. El compromiso de los docentes, corazón de su juramento socrático, no debe confundirse con la vocación. La vocación habla más de una dimensión in-dividual de la profesión docente, bien estudiada, que se refiere a la autocomprensión de la vida profesional como llamada a dejar una huella en nuestros alumnos. Esta llamada alimenta la práctica educativa de muchos docentes, conviene cuidarla y no desaparece cuando se termina el ejercicio profesional. El compromiso, sin embargo, habla de una dimensión social que se alimenta, precisamente, de la comunidad profesional que construimos con otros docentes, incluso más allá de aquellos con los que compartimos claustro y centro escolar. Me atrevería a sostener, incluso, que el compromiso profesional de los docentes es necesario, incluso en ausencia de una clara vocación a la enseñanza. Quisiera destacar dos ingredientes que considero esenciales en este compromiso profesional o juramento socrático. Tenemos un compromiso con el conocimiento y sus valores -destacando entre ellos la veracidad, el rigor, el método, la utilidad, la belleza, el progreso, la argumentación, el pluralismo-pues consideramos que la cultura es un bien común que nos convierte en ciudadanos responsables, libres
doi:10.14422/pym.i382.y2020.013 fatcat:nu4ipxwcyvajtgueclkppstjbi