Algunos símbolos de nuestra crisis

Domingo Araya
2000 Doxa  
E stamos, como siempre en la vida humana, naciendo y muriendo, es decir, en crisis. Lo preocupante sería no estarlo ya que vivir es estar en crisis, no estar nunca plenamente ajustados o definitivamente terminados. Sin embargo, en la vida de los hombres o de las culturas, hay momentos en que esto se siente de modo especial, como en casos de enfermedad o de fracaso. En estos momentos críticos podemos sucumbir y dejar para siempre la crisis vital, pero si no morimos, saldremos fortalecidos. Las
more » ... fortalecidos. Las crisis no son puramente negativas, ya que pueden servir para propulsar lo afirmativo. Ambos polos forman la estructura esencial de lo real. Solemos empeñarnos en olvidar/reprimir lo negativo, vano intento que nos agota. Deberíamos aceptar la crisis de existir y valorar su función vivificadora. Mientras más honda es nuestra crisis, más grande podrá ser nuestra regeneración. El siglo XX ha sido una época de profunda crisis cultural. A finales del siglo XIX, la voz profética de Nietzsche anunció el abismamiento venidero con la frase «Dios ha muerto». Todo lo que creíamos seguro se hunde: el Fundamento absoluto. Este derrumbamiento es lo que también llamamos «nihilismo», y pertenece a la esencia de nuestra manera de estar en el mundo. Las distintas filosofías del siglo XX responden a esta crisis nihilista, de muy diferentes maneras. Si algunos pensadores intentan escapar del hundimiento, aferrándose a la mejor tradición ilustrada, intentando construir el sujeto racional y libre, otros se sumergen en la noche a la espera del advenimiento de un nuevo amanecer. Domingo Araya 645 * Durante el curso 1999/00 se realizó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Alicante un seminario sobre Derecho y Literatura, al que asistí como profesor invitado. En dicho Seminario, organizado por el Departamento de Filosofía del Derecho, leímos varios libros y los comentamos en las sesiones correspondientes. Algunas de estas lecturas, así como las interesantes discusiones que motivaron, están presentes en este escrito. Domingo Araya
doi:10.14198/doxa2000.23.24 fatcat:hfedb42wsvenff55msqbmzadte