Descenso del tratamiento del asma: ¿es tan simple como parece?

Veronica Giubergia
2011 Archivos Argentinos de Pediatria  
El objetivo máximo en el tratamiento del asma es alcanzar el control total de la enfermedad con el menor riesgo de efectos adversos. Las diferentes guías y consensos nacionales e internacionales, comparten un mismo mensaje en relación al tratamiento: controlar el asma con la menor dosis posible y eficaz de fármacos, referido generalmente al uso de corticoides inhalados (CI). [1] [2] [3] [4] Las distintas estrategias de progresión del tratamiento del asma en pacientes con enfermedad no
more » ... rmedad no controlada han sido exhaustivamente evaluadas en los últimos años, con cuantiosa información publicada. Por el contrario, el modo de disminuir el tratamiento no está aún claramente definido o validado en pediatría, con menos información disponible, eventualmente contradictoria y, en su mayoría, basada en la opinión de expertos. Habitualmente se recomienda que el descenso de los CI deba iniciarse una vez controlada la enfermedad. Sin embargo, no siempre se explicita cómo. Surgen entonces numerosos interrogantes (asumiendo que el descenso de CI es posible sin perder el adecuado control del asma): en quiénes se inicia y cuándo es seguro, cómo debe efectuarse y qué debe monitorearse, cuál es la magnitud de cada descenso y, finalmente, en la era de los tratamientos combinados (por ejemplo CI asociados a broncodilatadores de acción prolongada), cuál es el fármaco que debe reducirse primero. Razones para iniciar el descenso del tratamiento del asma La mayor motivación para reducir el tratamiento es minimizar los efectos adversos. Los CI son los fármacos más relevantes en el tratamiento del asma desde hace ya 30 años. Persiste la cautela sobre su empleo prolongado en niños, fundamentalmente por su posible repercusión sobre la talla (dosis-dependiente). Del mismo modo, la prescripción de broncodilatadores, especialmente los de acción prolongada (BAP), ha generado precaución, tanto en niños como en adultos, por la aparición de efectos no deseados en poblaciones de riesgo. 5 Ambos fármacos, aunque muy útiles en el manejo terapéutico del asma, deben ser utilizados el menor tiempo posible y a la mínima dosis necesaria en este contexto. Un beneficio adicional de la reducción del tratamiento es definir más claramente la gravedad del asma del paciente. Mediante el descenso de CI, el pediatra podrá evaluar estimativamente la respuesta individual a un esquema terapéutico determinado. Por ejemplo, un paciente clasificado como con asma persistente moderada (sobre la base de la frecuencia de los síntomas) puede responder favorablemente a una dosis baja de CI cambiando su estadificación a asma persistente leve. 6 Otro motivo para reducir el tratamiento es la evidencia de que el tratamiento con CI no modifica la evolución natural del asma. Intervenciones tempranas o prolongadas no curan la enfermedad ni previenen su progresión. Los CI solo controlan los síntomas. 3,4,7 Si se analiza la evolución natural del asma, se verá que más allá de los tratamientos instaurados, es la gravedad de la enfermedad la que determinará la persistencia o no de los síntomas en el tiempo y, por lo tanto, la duración del tratamiento. En más del 70% de los niños con asma leve, los síntomas remitirán promediando Pediatría práctica
doi:10.5546/aap.2011.533 fatcat:hvnzrozauzg4pdfbrl2eg2wf2a