Cuentos y leyendas del Río de la Plata, por Fernán Silva Valdés

Henry A. Holmes
1945 Revista iberoamericana  
Con la desesperaci6n de sus cruces levantando sus negros brazos al cielo; con sus sepulcros descostrados, mohosos y tristes, un cementerio se desmorona por alli ... De los departamentos del Norte guarda el autor recuerdos de su infancia. Nada tan encantador como ellos: los arroyos frescos en que se bafiaba, los bosques por donde galopaba, "aspirando su perfume vegetal", las cuchillas rayadas "por iridos callejones bermejos, color de sangre reseca"... "Vida limpia y pura"... "Goce de la
more » ... Goce de la naturaleza"! iNo se creeria que nos engafiamos al hablar de la amarga desilusi6n de Ballesteros? Podriamos creerlo si no tuvidsemos ante los ojos la dolorosa evidencia de las frases que preceden y que siguen tales rapsodias, y que nos hablan de "la honda, infinita soledad que es el campo" y del largo desfile de vidas arruinadas o anegadas en el ocio, la pobreza y la ignorancia, y que a veces salen del atolladero por medio del pufial o del rev61lver. Sin embargo, el progreso lento pero seguro del interior del Uruguay, es innegable. De e1 nos habla Ballesteros en "El ferrocarril". Aqui el progreso es impresionante, y brilla como un sol medio oscurecido por los nubarrones de una tormenta que se acerca. Un viejo paisano embiste a los ingenieros que trazan la linea que ha de pasar "por sus campos": En este loco ataque inesperado, se le abre una herida en la cabeza. Cuando volvi6 en si, interrog6 ansioso a sus hijos:
doi:10.5195/reviberoamer.1945.2934 fatcat:2tauuyo2nvfslh6nf72fyr5ffu