Perspectivas de la tra-ducción en la Comisión Europea

Antonio Alonso
2001 unpublished
Los padres de la construcción europea, res-petuosos con las particularidades culturales de los países que en ella participaban, se esforzaron, en lo que a las lenguas se refiere, en garantizar el multilingüismo. Esto es, que cada ciudadano pu-diera expresarse en la lengua oficial de su Esta-do miembro de origen y que pudiera acceder a una documentación escrita en su propia lengua. Cualquier otra fórmula habría significado la utilización, en un plano muy sensible, de una especie de rodillo
more » ... sor susceptible de in-validar el esfuerzo integrador. No era concebible la integración sino construyendo a partir de una variedad, y hasta diversidad, que los europeos, en momentos estelares, hemos sabido asumir y hasta explotar a través de proyectos colectivos. En lo que se refiere a la comunicación por escrito, ello ha dado lugar a que las Instituciones comunitarias tengan que traducir, o hacer tradu-cir, una enorme cantidad de documentos, prime-ro entre cuatro lenguas oficiales, ahora entre once y pronto quizá entre más de veinte. El volumen de páginas de traducción actualmente produci-das, sólo por la Comisión Europea, es de más de un millón al año. Los originales se redactan normalmente en una de las llamadas lenguas de comunicación, el francés o el inglés, es decir aquellas en las que pueden trabajar todos los funcionarios de la ins-titución. Más tarde, si se trata de documentos legislativos, es preciso traducirlos a todas las de-más lenguas oficiales, puesto que cada ciudada-no debe poder leer en su lengua materna unas normas comunitarias que le son directamente apli-cables. Otros documentos, necesarios para ha-cer posible la toma de decisiones, o para inten-tar incorporar a la población a las múltiples acti-vidades de la Unión Europea, han de traducirse igualmente a todas las lenguas. Puesto que la acción integradora, con variable fortuna, llega hasta los ámbitos más varia-dos, no sólo ha habido que lanzarse a traducir entre lenguas a veces muy dispares, sino tam-bién sobre materias muy diversas. El gran logro de los lingüistas de nuestras Instituciones no es, a mi modo de ver, el de pro-ducir grandes masas de excelentes traducciones, sino el haber logrado, por ejemplo, realizar ad-mirables traducciones de documentos veterina-rios del danés al griego o de textos relativos al medio ambiente del portugués al sueco. Sólo el esfuerzo de los terminólogos y traductores de la Comisión Europea ha hecho posible llevar a cabo transposiciones lingüísticas, hasta entonces qui-zá ni intentadas, entre lenguas tan dispares y en materias tan puntuales. Al incremento constatado de originales para traducir se une la progresión, esta vez geomé-trica, derivada del aumento del número de len-guas oficiales y, por tanto, del de combinacio-nes lingüísticas. Ante la perspectiva de tal evo-lución, previsible desde hacía algunos años, se tomaron precauciones a su debido tiempo en la Dirección de Asuntos Generales y Lingüísticos de la Comisión Europea, orientadas ante todo a diversificar el tipo de traducciones que se reali-zaban y a potenciar el trabajo de los traductores gracias a las nuevas posibilidades que ofrecía la lingüística computacional. Parecía evidente que, cuando se hubieran de traducir varios millones de páginas entre una veintena de lenguas, habría que actuar de una for-ma muy distinta a como se venía haciendo, esto es limitándose a repartir entre los traductores de cada
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