El arte de escribir novelas: de Cervantes y Lope de Vega

Antonio Carreño
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Poca tinta se ha gastado sobre el Lope de las Novelas a Marcia Leonarda. Apenas un manojo de ensayos críticos y un par de libros, breves, sucintos, genéricos. Es decir, a excepción de los vastos estudios sobre La Dorotea, contradictorios algunos, polémicos otros, el Lope narrador está a espaldas del canon. El gran fabulador de textos dramáticos se desplaza a sí mismo, no como monstruo de la naturaleza, sino de la escritura de dos géneros que le avalan con semejante singularidad: poeta,
more » ... ad: poeta, novelador. Tal arte lo compaginó con la narración de extensas fábulas épicas (La Dragontea, La hermosura de Angélica, Jerusalén conquistada), escritas en plúmbeas octavas reales; y con el hilar, con vasta imaginación, de textos narrativos en prosa, dentro del arquetipo de los géneros aún vigentes, de raigambre clásica: libros de pastores (Arcadia), relato al uso bizantino (El peregrino en su patria), contrafactum pastoril a lo divino (Pastores de Belén), único en las letras del siglo XVI. Si El peregrino en su patria es la primera novela bizantina del Siglo de Oro (incluye naufragios, cautividades, peregrinaciones que se alternan, de forma entrelazada o separada, con los amores de los protagonistas), Pastores de Belén es, como relato a lo divino, la ágil combinación de contar, cantar y caminar hacia un centro mágico y divino: el pesebre de un Niño-Dios recién nacido. Tales textos se presentan empedrados de una vasta erudición, entresacada de Officinas y Polianteas al uso. Es decir, Lope escribía "después de haber los libros consultado," según le comenta al doctor Matías de Porras (La Circe 666, v. 99). Y ampliaba lo escrito con digresiones que se extienden a otros campos del saber (historiografía, astrología, medicina, emblemática), ceñido a una poética que la tradición humanística le confería. Y a una convención que incluían los cartapacios escolares, las silvas de varia lección, los iudicia y exempla. La erudición embellecía; vestía al relato con un rico abanico de recursos retóricos y de profusas referencias culturales. Le otorgaba solidez y arropaba los textos de prosapia humanística. Pero el relato breve, corto, no formó parte de ningún proyecto de Lope, previo a la publicación de los Novelas ejemplares de Cervantes. "Yo soy el primero que he novelado en lengua castellana." Así lo proclama Cervantes con toda razón en el "Prólogo" a su Novelas ejemplares (1612), añadiendo "que las muchas novelas que en ella andan impresas todas son traducidas de lenguas extranjeras, y éstas son mías propias, no imitadas ni hurtadas." Muy cierto, aunque Il Decamerone, cabeza y modelo del novelar europeo, circulaba traducido desde el siglo XV con el título de Ciento novelas que compuso Juan Boccaccio Florentino, poeta elocuente. Son nuevamente impresas, corregidas y enmendadas a mediados del siglo XVI, aludiendo este impresor a las cien novelas de Micer Juan Boccaccio. Al anotar Bartolomé José Gallardo dicha entrada, observa: "Después no sé que en más de un siglo ninguno volviese a usar la palabra novelar hasta que la usó Cervantes en el prólogo a sus Novelas ejemplares" (Ensayo II, 99a). En los años jóvenes de Lope, en 1583, se imprimen en castellano las novelas de Piacevoli notti dello Straparola, Honesto y agradable entretenimiento de damas y galanes, en traducción de Francisco Truchado. Y a través de la versión francesa de P. Boisteau y F. Belleforest (1568-1582) aparecen, en 1589, las catorce historias de Mateo Bandello con el título de Historias trágicas ejemplares sacadas del Bandello Veronés. Un año después, Luis Gaytán de Vozmediano publica la Primera parte de las cien novelas de Juan Baptista Giraldo
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