Amorós, Mario, Después de la lluvia. Chile, la memoria perdida, Santiago, 2004, Cuarto Propio, 450

Miquel Izard
2005 Boletín Americanista  
El autor lleva tiempo publicando y combatiendo en una denodada pugna -en el centro está su tesis sobre el clérigo Antoni Llidó asesinado por la DINA-tratando de que no caigan en la fosa común del olvido el sinfín de canalladas perpetradas por la dictadura de Pinochet. En las Palabras previas, Amorós evoca que al perder el engendro, junio de 2002, su fuero como senador, el general Ricardo Izurieta, comandante en jefe del ejército, dijo que el futuro de aquél consistía tan sólo en aguardar "el
more » ... en aguardar "el juicio de la historia y no el de sus contemporáneos". Podía apelar a la argucia pues sabía, con certeza, que la historia, siempre mandada escribir por el poder, escamoteará sin cesar atrocidades de todos sus predecesores. Bastaría recordar el sinfín de ditirambos que los actuales gobiernos españoles o catalanes están cometiendo en homenajes a Isabel 1, Felipe II, Cambó o Porcioles. El día que llegó el libro, Reyes Mate publicó en El País (28109104) "Las justicias del dictador", en el que entre otras cosas decía, "La injusticia que hay que reparar es el empobrecimiento de una humanidad, la nuestra, a la que se le ha robado un sueño y también la posibilidad de realizarlo al exterminar a quienes lo habían concebido y quisieron ponerlo en práctica". Tras recordar "una cosa es la justicia, y, otra, el derecho", enfatizaba, "Se suele decir que la justicia es tozuda y que acaba atrapando al culpable. La historia de Pinochet muestra por el contrario su fragilidad: basta un papel de expertos para acallar los gritos de quienes claman justicia. Lo realmente tozudo es la memoria de quienes padecieron la violencia de la dictadura. Mientras no se avive esa sensibilidad en los ciudadanos, la justicia dependerá de un papel". Después de la lluvia acoge 86 entrevistas, a sobrevivientes pero las más a deudos de víctimas de la vesania marcial, reunidas en 25 apartados, mapuches o custodios del presidente, viudas de Carmelo Soria, Orlando Letelier o del personaje de Missing, inmolados en la Operación Cóndor o arrojados vivos en hornos de cal, defensores de derechos humanos, la Agrupación de familiares de detenidos desaparecidos, militantes de base de todos los oficios, militares (Carlos Prats) o parientes de exiliados españoles republicanos, responsables sindicales y estudiantiles o curas, así Joan Alsina. La antología, de redacción excelente y cuidada, será de mucha utilidad para quienes quieran acercarse al dantesco período que los milicos chilenos protagonizaron desde septiembre de 1973 y que ellos y compinches, incluido algún preboste de lo que tienen la desfachatez de llamar justicia española, osan negar o justificar. Pienso que, por encima de todo, una de las ventajas del libro es hablar no sólo con y de gentes vinculadas a la dirigencia sino, en esencia, con personajes comunes y corrientes, aquéllos cuyos nombres jamás figurarán en los callejeros de las ciudades chilenas, pero que conforman los cimientos en los
doaj:5e7ee849c71b485d91be69119438ce09 fatcat:6rvdk3uhqrf6tgqnljzfxmijcu