Lecciones para el barro Poemas

Boielilo, Josi Arango
1992 Ediciones Autores Antioqueños   unpublished
RESEÑAS húmerlas sombras, o lvidadas ruinas, frentes dobladas cumpliendo labores, ajeno todo ello a las necias palabras de los hombres. Y aquí debería callar la reseña. Pero e l género exi ge i nfor~ mar sobre e l li bro. Diré que carece de paginación, índice y pi e de imprenta. Q ue, con algunas excepciones en el últi mo capítu lo dedicado a lo urbano, las imágenes son de una intensa belle· za visual. No está aquí la gran sociedad a la que Gavassa dio brillo y memoria . Las fi estas popul ares
more » ... son las grandes ausentes, tratándose del proyecto de dar un testimonio de Santander. El ojo del fotógrafo prefiri Ó dar cuenta de una naturaleza cuya presenc ia ine ludible parece sagrada por momentos. El páramo, el río, el bosque, el sol rompiendo el cielo, el cañón, los estoraques. Vegas cultivadas, retículas dictadas por la geometría agrari a, los oficios del hombre, la niña a cuyo lado retoña un tabacal, el viejo q ue atiende el caney, el ajetreo de la caña y el cafe. En medio de esto, la cierta sorpresa, como en La misteriosa p uer· ta de Cepitá, o El p orcal de la laguna del sapo por Zap atoca. Fachadas de paja que tambien albergan ilusiones, vistas panorámicas de pueblos, to rres, y el presagio de las nubes. El recodo de un empedrado sendero, esos cie los y patios de Barichara. Algui en que transita en la soledad colonia l de San Juan de Girón. A la vuelta de la pág i· na, los ofi cios urbanos, la ventera, la fritanguera. los viejos músicos, las beatas. Esa extraordinaria Familia de Cepitá que posa con sabia inocencia, abriendo una sucesiva galería de retratos. Ni ños que la vida envejeció sin saberse cuándo, artesanos hered~ros de ofi cios centenarios. El tono decae al encontrar la ciudad. La poesía parece sucumbir al atosigue de edificios y antenas parabólicas, estilos arquitectónicos y "espacios culturales", configurando lugares comunes, captados con el mismo lente de contempl ación que detuvo en el papel un hori zonte . Ahora la m irada parece no saber bien donde posarse. En la serie "En el centro" se recupera parcialmente la efi cacia perdida: la carnicera impávida, el transeúnte disciplinado por las fil as, el sobandero que visita los muertos, el culebrero, el pintor AgeJvis, el sugesti vo Circo del Viaducto. Para la camara, convertida en el instrumento de una decl aración visual , la naturalez.a ha desaparecido y su lugar lo ocupa ahora el hombre común, hosti gado por el "progreso", sumergido en la congestión de un espacio arti ficia l. Esta reunión de poemas de Jase Manuel Arango incluye los li bros ya conocidos por sus lectores -Este lu· gar de la noche ( 1973), signos (1978) Y Cantiga ( 1987)-más una secc ión adi cional de com posiciones. La opor· tunidad resulta perfecta para imag inarnos e l trazado de tal verbo. Ento nces, preguntemonos: ¿es la poesía una forma de conoc imiento? ¿De que? En todo caso un conjunto de poemas pennite e l acceso a una formulaci ón lingüística (o su precedente, q ue siempre lo hay). A la par que las palabras "ajenas" pueden func ionar como un estímulo porque acti van la mimesis, debemos entender tambi en que con y POESIA en ellas uno recibe la d isposición de reescribir el mundo. Es deci r, esa nomenclatura de vivencias. Acontec imiento de d udosa i mpor~ tancia (¿para quien?), la poesía tiene perfiles que hieren o cu ran, socavan la ideología e instauran el poder de su propia ejecuto ria . Es la lengua de una distinción. Ara ngo lo expresa así: como tener algo vivo en las manos una tórtola: su buche vibrante y en el ojo redondo un punto de fuego y luego el aleteo con tra el rostro su urgencia alocada; y el vuelo bello y curvo sobre los árboles vencidos: memoria del viento La metáfora ri ge pa ra Este lugar de la noche, pues el libro se propone la lectura de la ci udad : calles, parques, asilos (111), hospita les (XV), mercados (XX), carnicerias (XXII), casas (XXV III ), como si esta fue ra un ser vivo a punto de escabull írsele de las manos. Para lograr retenerl a en e l lapso que d ura esa hu ida, el poeta se vale de un ri tual que nos inform a de l va lor añad ido que poseería cada experiencia. La noche es propic ia para esta revelación: "las mi radas de los cajeros adolescent es/J repi ten los movim ientos de un ant iguo bai lel sagrado" (1, pag o 9) . y tamb ién lo es la lu z: .. . y cuando en la plaza real por un instante en el mediodía coge Jos pájaros en su dedo y les habla tal ocio encubre Olros actos de más viejo sentido y a su mágico gesto de encantador los pájaros mueven los ojos dorados [XX, pág. 20J
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